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Puertas dimensionales

Siempre tuve una particular disposición a que me pasen cosas raras.

Conocí a  grandes personas en mi vida a través de formas poco ortodoxas: festivales de cine  con "periodistas" sin grabador, ensayos de teatro con compañeras antipáticas, huyendo de un plomazo dentro de un bar y chocándome con alguien, leyendo a bloggers ausentes y armando rancho aparte, yendo a ver una grabación de Todo por $2 , jugando al metegol en el club  y  golpeando a alguien con una pelotita voladora, entrando a un teatro semi abandonado para espiar una clase, filmando en el campo, caminado por el pueblo vacío un lunes de insomnio...

Hay lugares  que tiene una energía especial para conocer gente memorable e  interesante. Tengo que destacar los festivales de Mar del Plata: siempre  viví aventuras peliculeras que, resumiendo, se podrían  enumerar así:

- pseudo triángulo amoroso que nunca se concretó, pero que me mantuvo  la adrenalina al tope durante 7 días. Invitación  a un agasajo a la prensa internacional ( con caviar, champagne y demás. Y bué, estaba Maharbiz)

-conocer a Lore, a Fran y a Fede colándome en la inauguración. Y quedarme con ellos. Para siempre. Ese año también vi por primera vez una lluvia de meteoritos sobre el mar

-vivir en comunidad en un departamentucho  con un mendocino, un portugués, un par de flacas platenses y unos colados. Y pasarla genial.Segunda lluvia de meteoritos

-Invitada especial por ser organizadora de otro festival. Extraño encuentro con Marcos a la salida del bar. Fiesta de fin de festival con el tanguero y todos los directores extranjeros. Más meteoritos.

No fui a más festivales, pero para noviembre ya me estoy preparando.

Otro lugar con puertas dimensionales hacia la aventura es El Conventillo de Teodoro, el bar de chamuyo, tango y tragos que está acá cerquita, por Almagro.

Manu me arrastra hacia allí  de vez en cuando. Y siempre me pasan cosas raras y bellas.

He ido con Naty, con Paco  y sola también.

Canto tangos hasta quedarme afónica, chamuyo y me dejo chamuyar...

Y siempre pero siempre  cosecho cuentos para contarles a mis nietos.

 

Automatic escritur

Corpiños de cerezas en sus labiosidem

Desde la ventana, el deseo hecho  árbol que crece

La oreja rota en mil palabras, se calla la boca

Robos subrepticios a la hora de la siesta: robo  de frío

Palanca al piso o al volante. Igual no se meter los cambios

Algunos pájaros desbarrancan el canto. Otros lo venden al por mayor

El rubio mira por la ventana, atento a lo que pasa. No se da cuenta de su espalda sangrante.

Duerme el niño. No  sabe que perderá los dientes que le van saliendo

Trompetas. Elefantes. Todo suena distinto  cuando es silencio

No gruñas, ya nadie puede entender tu falta de lengua

Masticando cadáveres cruzo el hambre

Cuando las uñas pican comienza el caos

Lunares se desdibujan en la piel  de plastico. No, no son  los míos

El pelo es falso, pero  el cráneo que cruza debajo  me deja la duda

Hoy vi lo que todos ven. Y me sentí distinta

El mar tan lejos. Y yo con tanta arena

No olvidar, me grita la memoria amnésica

El sabor sabe su ignorancia

La madre parió una ausencia. ¿Ahora cómo la acuna?

Tan desprotegido del entorno como el cactus en la selva

¡Y el vecino de al lado,  me llena el basural de flores!

El monstruo me salió hermoso, vea...

Risa por la nariz. El moco feliz

Sed de venganza.La publicidad que le faltaba a gatorade

Pronóstico:Tetas al viento con pérdidas oculares de prójimos cercanos

Mañanas campestres. Tardes citadinas. Noches selváticas. Y así todo el día

Me gusta el agujero derecho de  tu nariz. El izquierdo me asusta.

En la piel, pecas por el sol. En la iglesia, 15 padrenuestros

Todas esas otras presencias duelen en los rincones ausentes, todavía 

 

( De madrugada, en la Mansión)

Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está

Una máscara mutante nos cubre la cara.
Todo el tiempo somos otro. Y ni nos importa
A veces está bueno disfrazarse y  ser otro. Cosas de un rato nomás.
Está bien, somos varias cosas al mismo tiempo, y lo versátil nos construye.
Pero sacarse caretas es un trabajo pesado que creo que hay que tomarse.
Jugamos sin saber que jugamos. Y es bueno saber qué es lo que estamos haciendo.
Y ahi entran a jugar los permisos para jugar.
Jugar es algo de un rato, ser otro  y con otras reglas. Transformarse e inventar  el disfraz y el entorno.
Jugando, cuando somos chicos, podíamos ser cualquier cosa.
Y ahora, parece  que no sabemos jugar.
Quizás nos quede adentro eso de andar pidiendo permiso.
-má, me dejás ir a lo de Cristian a jugar un ratito?-
-bueno, pero  en una hora está la comida, no tardes...-
Y así, pidiendo permisos, pasamos la infancia. Pidiendo para jugar.
¿En qué momento cambiamos el "voy a jugar a lo de..." , por el "voy a lo de...", simplemente?
En algún momento dejamos de pedir permiso para ir a jugar, y empezamos no ya a no pedir permiso, sino a no jugar.
Nos empezamos a tomar las cosas en serio.
 Y no  con responsabilidad, eso  ya  venía de antes, de siempre. Del simple hecho de responder por lo que hacíamos.
Pero  "en serio" puede ser lo contrario de jugando, o en broma, o con gracia.
 Y en ese momento empezamos a ser grandes, a volvernos viejos, que no es lo  mismo que adultos (generalmente dejamos el "voy a jugar a lo de.." en la adolescencia).
En un momento de mi vida, a los 22 años, pude volver a decir: voy a jugar a lo de... sin pedir permiso, sólo avisando.
Vivía con mi hermano, y le decía, generalmente los viernes a la noche: voy a jugar a  Casapueblo, que era la casa de mis amigos.
Y hacíamos eso. Jugábamos.
Nos disfrazábamos, bailábamos, inventábamos un universo con sus reglas y las vivíamos profundamente por un rato.
No mucha gente lo entendía, claro.
Algunos decían: ah...hacen una fiesta. Pero una fiesta es otra cosa. Es algo extraordinario. Esto era parte de lo cotidiano.
Permitirse ser otro, en la cotidianeidad, es jugar.
Jugar es inventarse ese mundo, ese personaje, esas reglas por un rato  y dejarse atravesar, involucrarse por completo.
Pero en la vejez prematura que tenemos, lo hacemos contadas veces, en un ambiente controlado  y con excusas frescas a mano, por si nos pescan en pleno  goce lúdico: es una fiesta, estaba solo en casa, tomo clases de teatro pero no actúo en  un escenario porque lo  hago como  terapia, aca nadie me ve, es  sólo la costumbre de hablarle al perro, me compro maquillajes porque quiero mejorar mi estética, esta ropa  es la de entrecasa, colecciono cositas, estas cosas me relajan, esto lo hago para descargar tensión, así me olvido del estrés, es mi hobby.....
Todas esas excusas solo dicen: estoy jugando, no me jodan.
Y en este punto me lleno de preguntas...
¿A qué jugabas cuando eras chico y estabas solo? No con tus amigos, porque  sabemos que el grupo se autocontagia de modas televisivas o  temporales.
Cuando estabas solito, vos y tu alma... ¿qué era lo que te llevaba de la mano por ese mundo extraño? ¿ese juego  por el cual no tenías que andar pidiendo permiso?
¿Qué espacio ocupaba tu cuerpo en el mundo, durante ese juego?
¿ya te acordaste?
¿Cuánto hace que  no lo  jugás?
Date permiso vos mismo un ratito y tratá de jugarlo.
De recordar ese olor y color en los dedos.
De recorrer con los ojos cerrados ese espacio que ya  no está en el aire pero sí adentro, en un rincón.
Nadie te va a retar, ni censurar, ni  se va a reir por lo que hagas
Jugar a jugar nos  descubre en el lugar que ocupamos.
Quizás ese berretín de niño culoinquieto  lo seguimos teniendo de grandes, transformado en  trabajo, estudio, hobbys...
Pero es sólo un  juego más. El más  maravilloso de todos, ya que seguimos eligiendolo a pesar del tiempo que pasa y nos arrastra.

¿Lobo está?

El derecho y el revés de la trama

Mi mamá está tejiendo.
Ella no teje nunca, pero  me dijeron que hace 9 años que no hay elecciones. El absurdo es comprensible.
Ahí, la radio de plástico turquesa con tocadisquitos simples. Con las pilas eveready grandotas que siempre se sulfatan.
Ahí, en el banco blanco que algún bisabuelo se robó de una plaza, mi mamá teje punto jersey.
Uno del derecho.
Uno del revés.
Juan está en el piso, jugando con algo que arrastra.
Hermanito tocatodo. Hermanito colorado. Cachetes, pecas, pelo...todo rojo.
Va y viene.
Derecho y revés.
Arranco hojas de la enamorada del muro que viene de la casa de Pironio.
Me siento en el borde de las baldosas amarillas y las destripo:les saco despacito la parte verde y ahí quedan, desnudas, las nervaduras. De un lado o del otro, las hojas son transparentes, fantasmales.
Mamá teje y papá no está. Está en las mesas.
No sé lo que eso, pero suena lo suficientemente importante como  para que esa tarde  sin escuela tampoco haya fútbol, ni carreras de autos al mediodía en la tele.
Y mamá teje.
Uno del derecho.
Uno del revés.
Estas semanas , papá que habla mucho y está poco en casa, también teje.
Titina me dijo que contar historias es como tejer: uno  va agregando  hilos, palabras y frases, y va transformando  un ovillo en una tela, en una historia, en un cuento. Lo que estaba desordenado se transforma en un saquito, en una manta, en un abrigo.
Uno del derecho.
Uno del revés.
Mamá, que está escuchando la radio turquesa que suena mal, me quiere contar un poco que está pasando, pero se le enredan los hilos de la historia porque no puede tejer, cuidar a Juan y rezar por papá al mismo tiempo.
Me aburro.
En este momento,  el cuento pierde un punto de la trama, y hay que retroceder, deshacer lo hecho, y seguir el hilo de nuevo.
Papá hace días que corre de un lado a otro.
Se junta con  gente. Habla mucho. Está eléctrico y cansado. Pero no se lo ve triste.
Juan, que habla atravesado, canta la marchita y dice Vote Luder como si fuera lo único importante.
Mamá me dice que  Alende se parece al abuelo Tito. Que Herminio no se qué. Que no sabe que va a pasar en  el pueblo. Que espera que todo salga bien. Parece que habla de una operación a un pariente.
Habla sola.
Juan juega solo.
Uno al derecho.
Uno al revés.
Y este domingo, cuando ya queda poco sol, llega papá, casi corriendo.
Abraza a mamá y le dice:ganamos
Y mamá, sin soltar las agujas del todo, con los hilos enredándose en el piso, los ojos abiertos y la sonrisa llena, le dice: ¡Pero si  iba ganando Alfonsín! ¿Y  acá no  ganaba Alvarez?
Y papá, un poco al derecho y un poco al revés, le contesta:
-No importa. Ganamos igual, negra. Ganamos todos-

Íconos, signos y símbolos

Íconos, signos y símbolos

Me encantaban las claves secretas.

Me había entusiasmado con las novelas y cuentos  de espías, detectives y aventuras.

Ya había dejado un poco atrás la idea de ser superhéroe. Se me complicaba el temita ese de la adquisición de superpoderes o el haber nacido  en el mismo planeta en el que crecí.

Pero no podía resistirme al misterio y a los códigos. Por eso los espías, los detectives, los aventureros y toda su parafernalia me atraían tanto.

Ari y Gaby tenían unos libros sobre el tema. Mi primo, que era scout, me había prestado  su manual de supervivencia ( Ser scout me llamaba mucho la atención, pero había que ir a misa y usar esa pollera-pantalón color caca con zapatos de la escuela. Eso iba en contra de mí misma)

Ya había visto las dos  películas de Indiana Jones. Y el joven Sherlock Holmes.

Con las chicas jugábamos cestoball, escuchábamos a los Beatles, leíamos mucho y yo escribía bastante. Las historias de La escuela del fin del mundo y El gran robo en el lejano oeste se me ocurrieron por esa época.

Usaba vaquero y trenzas y  cordones de zapatillas con estrellas y corazones. Andaba en una bici roja y tenía un diario onírico.

Me gustaba Adrián. Después Pato, que  ya me había gustado antes. Después Gustavo. Después Adrián de nuevo.

Tenía un novio de 15 años que se llamaba Hugo, hacía ninjutsu y era en parte japonés. Obviamente era imaginario.

Creía en rituales mágicos propios, que creaba hasta en los mínimos detalles y después olvidaba.

Vivía en mi cabeza la mitad del tiempo.

Me gustaba ir a Quilmes a hacer lo de siempre: Escuchar tangos e historias de Titina, caminar kilómetros con Lili o el Abu mirando todas las vidrieras de zapatos, imaginarme el río cuando todos los demás eran tan  jóvenes jugar a la señora Mangasverdes a la hora de la siesta, revolver los alhajeros y la puertita de las telas en busca de tesoros que alguna vez serían míos y nunca lo fueron, rezongar cada vez que  me  mandaban al almacén de Lito a comprar algo, esperar el 300 o el 324 para ir a Rivadavia…

No saber qué hacer y disimularlo.

Con Mechi habíamos cambiado  el correr por el patio  por los pinipons en el cuarto y  el álbum de figus por las muñecas articuladas (No, no eran  barbies).Y volvimos a cambiar por  el diseño de ropa en blocs hechos con hojas inservibles que nos traía su papá del Ministerio de asuntos agrarios.

Seguía cosiendo muñecas de tela hechas con medias huérfanas, aunque hacía más de un año que menstruaba y ya usaba corpiño 90.

Creía que el punto más alto del amor lo lograbas al dormir  en el mismo lugar con la persona que amabas. Si el sueño era compartido, el amor era eterno.

Había pegado el estirón y los huesos me dolía a veces, pero  más me dolían las estrías.

Era flaca y larga, a pesar del talle 90.

Buscaba señales casi fetichistas en objetos, marcas, huellas que me develaran misterios. Revisaba los cajones y los rincones con pasión.

A veces iba a lo de Ariel y nos quedábamos toda la tarde leyendo, sin hablarnos, cada uno en su rincón. Queríamos saber más. Tenía que haber una explicación para cada cosa.

Ya hacía tiempo que nos reíamos  con Les Luthiers y  que cantábamos a Charly, León, Zupay  y los demás.

Mirábamos Vivitos y coleando en  la tele. O Polenta. Y los dibus, siempre los dibus.

Ari ya tenía la commodore y yo todavía no le encontraba la gracia. Pero era mi orgullo decir que mi mejor amigo  sabía de compus.

Y todo esto iba a mi fascinación por las claves secretas.

Un día, en el salón de matemáticas y naturales, encontré un papelito tirado con toda una clave: signos y su significado.

No parecía un gran desafío. Aparecían cosas así todas las semanas en  la Billiken. Pero en esta había algo…

Se la mostré a las chicas y todas la copiamos. Durante  un par de años la usamos para dejarnos mensajes  de todo tipo, sobre todo durante la fiebre por los Hollister, Nancy Drew, Los Hardy boys y  Sherlock Holmes.

En mí, La Clave evolucionó. Empezó a tener reglas gramaticales más complejas. Algunas letras mutaron, o se duplicaron y triplicaron en su forma.

También aparecieron reglas de puntuación y  construcciones idiomáticas.

Las cosas empezaron a pasar.

Pasaron las modas: Jazzy Mel dejó de ser un éxito, todo el mundo se dejó el pelo largo, fuimos a todos los cumples de 15 y Chakers dejó paso a Wana.

Fuimos a Bariloche. Me enamoré un par de veces, siempre de guitarristas.

Dejé el cestoball.

Ale se murió sin avisar.

Y  la mitad de la década me encontró en La Plata. Sin Ari ni Gaby. Sin las chicas. Sin Mechi. Ni mamá, papá y hermanito en casa.

Empezaba a estudiar cine, y todo parecía demasiado nuevo.

Ya no tenía bici. Mi corpiño era 95. El pelo  me llegaba casi hasta la cintura. Seguía usando vaqueros y trenzas.

La clave  había viajado conmigo.

La usé tanto…incluso para ayudarme a estudiar.

Mis sucesivos novios, esta vez reales, nunca la quisieron aprender. Un abismo de incomunicación nos encerraba.

Siguió pasando todo.

Los novios, los festivales de cine, las casa, los cortes de pelo, los talles de mi corpiño.

Y todo cambió tanto…

Pero sigo buscando señales. Espero encontrar la baldosa floja que esconde la caja con el secreto. Mirándole los zapatos y los lunares a la gente, trato de saber de dónde viene y adónde va.

Las estrías ya no duelen tanto. El corpiño es 105.

Pido 3 deseos a la primera estrella de la noche, y sigo creyendo  que compartir sueños es la mejor forma del amor.

Hace casi dos años que no voy a Quilmes, pero me  sigo cantando los  tangos y las historias de Titina, y busco  en las vidrieras todos los zapatos que el Abu o Lili no me van a regalar jamás.

Ari y Gaby están en Israel. La flaca, en el Caribe, y al igual que Luciana, Carola, Julieta y  Marisel, está casada.

Mechi tiene dos hijos que ni conozco.

Mi  mamá, mi papá y  mi hermano viven en tres casa diferentes.

Hace años que no uso jeans y mi último corte de pelo es tan corto que no me permite las trenzas.

Ah..y La Clave….

La Clave me permite dejarte mensajes en las paredes del barrio, en los boletos de colectivo, en las servilletas del bar, en cuadernos que no vas a leer.

Y ando por ahí, escribiendo y deseando.

Deseando que un día tengas ganas y la decodifiques.

 

Bifacho con mixta y sorpresa

Se rompe el colectivo. Y una lo sabe desde el momento exacto en que se corta el ruido de fondo. Como cuando apagás un extractor de aire ( pero en el caso del extractor, uno  suspira, aliviado)

Claro, podía quedarme como el resto de los pasajeros esperando al siguiente, pero  no podía dejar pasar esa calle desconocida de Boedo, ni ese bar que me llamaba desde la esquina.

Mediodía y hambre. Me siento en el bar con  nombre de calle, tapizado de fotos de tango y pido un bife con ensalada mixta. Puta madre. Siempre me olvido que la cebolla cruda me cae mal.

Cuando llega la ensalada, tardo más en separar cada hilo de cebolla que en comerla.

El tiempo  y los gatos que caminan  con  cascabeles por ahi pasan a pedir mimos.

 Y de repente, un chillido, bajito y agudo.

Y abajo de mi mesa, perseguida por un gato, pasa una laucha.

Nadie, ni los  dueños ni los otros comensales hacen nada.

Y yo me río y sigo comiendo.

Con miedo a encontrarme a la laucha trepando por mi pierna, pero sigo comiendo.

Sólo me detengo a saltar cuando  una cosquilla recorre mi rodilla

Pero no era laucha sino gato.

Además, fue el bife más rico  de los últimos tiempos. Valió la pena el salto

Escritura automática

La lengua en los rincones. Y el inconciente ahí, tan hijodeputa

El dolor anclado en el  útero, que se desparrama armando  la burbuja.

El cielo gris. Los lirios amarillos. Hay fuego entre los pastos y el agua está podrida. ¿hay otra forma de describir al mundo?

Hoy tu felicidad cabe en el agujero de una muela

Tu respiración anoche me mentía

¿Cómo medir la calidad de un número? ¿Cuál es el mejor cinco? ¿El peor cuatro? ¿El número seis de la mitad?

Adivino el río y sueño el mar. Sólo me permito  ser laguna

Sonidos de comida sin comida. De boca vieja colapsando.

Descubro los  límites entre agua y agua. Cruzo más agua. Sigo sin mojarme

¿Sos vos el que se perdió?¿por qué salí a abuscarte? ¿o  soy yo la que estoy  perdida?

Cada pedacito del  pelo y  la boca, en la boca

Ayer  él lloró por una letras. El idioma rompecorazones

Una casa grande me mira y yo la miro ¿Cuál de las dos está más  habitada?

Como no caben dudas, la cosa está ajustada.

Faltan dos horas y media para dentro de un rato

Ya casi nadie se acuerda del principio, pero  igual se enganchan con el cuento.

Ladrillos de piel, como puentes. Cintas. Asfalto. Casi un kilómetro desandado.

La burbuja crece  hacia atrás y al fondo. Nadie la quiere.

La tarde se desploma. Ya es muy tarde.

 

 

(escrito el otro día, en el colectivo)

De paseo?

Salgo a caminar por ahí, por las razones que sea: comprar tomates  y frutillas, buscar una casa con un limonero en el jardín de adelante, pagar un impuesto, ir al trabajo, buscar una nena de trenzas jugando en la vereda,  contar diez  casas en una cuadra, o el trapo rojo que sea  necesario.

Y a  veces llevo la guía  de Buenos Aires de bolsillo, sobre todo cuando tengo que llegar a horario a un lugar que no conozco. Pero generalmente me guío  por la dirección que lleva mi  naríz o  por algunos indicios en el camino: un perro que camina muy decidido, un auto naranja que dobla la esquina aquella, una calle muy arbolada o con adoquines, casa viejas  y grandes ( generalmente eso es decisivo)

Camino  y no  me pierdo. Ni siquiera caminando por calles algo oscuras  sin señalizar.

No me pierdo en el gran  buenos aires, en esas cuadras con gomerías  tristes y verdulerías alegres.

No  me pierdo  en  ese lugar   donde  ni siquiera se el nombre del barrio, o no me suena el nombre de ninguna calle.

No tengo brújula y a veces esta ciudad me marea al  buscar  sus puntos cardinales, porque los edificios o las nubes no me dejan ver el sol  o las estrellas para ubicarme.

Pero nunca estoy perdida.

Porque descubrir esos caminos hace que me encuentre.

 

Respuestas igual de inútiles

Nunca los conté, pero  haciendo un promedio,  y teniendo en cuenta que  en una época me lo  tomaba muy en serio, debo andar por el número 385

El que nunca fue una realidad.

El que descubrí al bajar del subte

Sólo mi vocación

La última vez que conté, alrededor de 10

Calculo que un promedio de dos horas por día, a lo largo de 31 años. Eso  hace unas 22.630 hs

Supongo que  voy a  ocultarlo, pero cuando tenga ganas. Ahora no

Ambas. Pero  da fiaca

Gomas de borrar

Una máquina expendedora de golosinas

Casi 10, creo

Sólo con un par

1)una  familia 2)buenos amigos 3)un hogar 4) los sentidos sanos 5)ser  bella 6)una bicicleta 7)pasarla bien 8)un cuaderno 9) uñas y dientes 10)una cama

Permisividad

Veamos: 4

Una casa  con más de 3 habitaciones

Sí, claro

Lo de siempre: escribir el guión mental y que  el universo decida el rodaje. (pero la productora soy yo)

¡Me encanta! Así estoy...

El culo y la cabeza

La entrepierna

Los  dientes

Sacudirme la fiaca

1)ropa linda 2)un auto 3)un marido  4)un hijo 5)un departamento 6)computadora 7)teléfono 8) muchos amigos 9)ser linda 10)un  buen pasar

Capuchones de  bic 

 

 (Lo que sospechan es verdad: están desordenadas, y son absolutamente ciertas. Como las cosas de la vida)

Bien llegada

Las despedidas se disfrazan de  muchas cosas a la hora de actuarse.

A veces es un enojo, una pelea casi sin sentido, para no mirarse a la cara  y decirse  que nos hemos de extrañar.

Otras es un beso muy  húmedo y repetido, pero igual de deseable, en la oscuridad de las cosas, ahí donde nadie más sabe ( ni debería saber)

Puede ser una mirada fija, brillante, un labio mordido, una cara de "no lo puedo creer todavía"...

Una comida casera. Una canción  para vos en la radio.

Un apretón más efusivo en el hombro   en el momento del abrazo.

Una despedida pueden ser muchas cosas. Y siempre  son cosas para los dos que estamos ahí, en el ojo de esa tormenta personal.

Pero una  bienvenida es  algo que  crepita adentro.

Es  que los ojos  se descubran nuevos mirando ese paisaje.

 Es el viento de cambio en la cara, hasta el estallido.

Estan  íntimo, tan personal, tan profundo...

Y lo mejor de las bien venidas, es cuando alguien más allá de tu piel, te  dice, de alguna manera, que es otra alegría que hayas  llegado allí.

 

 

 

Vamos  allá

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¿Bruja yo?

En abril del 2006  escribí esto

Claro que me han quedado alguna que otra boca sin  probar y, por lo menos, 3 vinos sin beber.

Lo  demás, sigue sucediendo

En honor a Chuck

Drogas en los circuitos.

Circulan y modifican

Como hilos de marionetas no dejan que el cuerpo caiga

Falsa sustentación de la tristeza

Despojos de  carne, telas y huesos. Eso es el cuerpo

Eso y la tristeza.

Que no sube a la superficie. Se queda anclada en el fondo para no  matar

Si estuviera en la piel destruiría todo. Lo propio  y lo ajeno

La  tentación  es el cuchillo  que investiga bajo las telas y  la carne el lugar exacto en el que están los huesos

No vivir en planta baja  hace que asomarse al vacío de  la ventana sea  simple

Pero ahí están las drogas. Para no tentarse con lo simple. 

Igaul tampoco sirven.

La solución fácil nunca sirve

La única respuesta es el dolor

Cada  gota de dolor lacera el cuerpo para gritar la vida.

El dolor de adentro

No el dolor simple del cuchillo en la piel, la trompada en la pared  o el  portazo en el dedo.

El que nace del fondo  mismo de cada célula cuando uno se da cuenta que está solo.

El dolor es el  mejor cicatrizante.

Como la lluvia lava y cura.

Sentirlo todo

No anestesiarse con falsas esperanzas, inutiles optimismos  y cotidiana ingenuidad.

Que duela

Que lastime

Que ya no alcancen las lágrimas vivas o muertas en los ojos

Que  el sudor se añeje en  los pliegues

Que el temblor  ya no tiemble.

Gritar sin ruido para oirse adentro

Y después dormir casi sin soñar.

 Y al otro día, casi no duele

 Casi

 

Recordando

No me olvido

Porque  me sigue pasando...

Llena de amor

Días de furia

La Plata y las ganas de terminar la carrera

Ver a los amigos en el escenario y tener la absoluta certeza de que eso es la vida de los que uno ama y la vida propia, de de uno mismo

Ver tus dedos en el bajo, tu pelo largo en el viento, saberte cerca y esperar. Escucharte tocar y soñar

volar a la tarde de domingo triste de Buenos Aires y soportar el frio, la lluvia y el desencuentro sólo para audiover a Les Luthiers

amor amor

Cruzar a Jorge y a Carlitos, decirles sin palabras cuanto me han salvado, cómo los amo a ellos y a los otros

saberse sola, sin tener alguien con quien compartir tanto amor que sale por los poros y está en el aire

llorar en la llovizna, asi se disimula

buscar asilo en estas calles, escuchar tu voz en el teléfono. Saber tu sonrisa del otro lado

Ya no se cuanto te necesito

( esto que sigue es diferente, pero es lo mismo)

Te amo, eso no cabe dudas

Te amo tanto. Y siempre me da miedo no poder compartirte. Quiero que otro te ame como yo.

No hay egoismo cuando pienso en vos porque me hace feliz saberte cada dia un poco más. Aunque nunca termine de conocerte

(estas ultimas líneas me las digo a mi misma, desde lo más profundo de mi ego y mi esquizofrenia)

Y amo a otros tantos

Amo a los que veré

a los que ya vi

a los que escuché

ya no se que hacer con tanto amor, a veces no correspondido

Quiero darte una porción grande a vos, para que me correspondas

 

 

 

Fe

Hoy  es 1 de agosto y vamos a ir a hacer  el ritual  de la Pachamama al Parque o al patio de los Martínez, todavía no sé.

Es importante   hacer esto para mí. Es pensar en una madre que nos da, que nos cuida en la medida que le damos o cuidamos.

Todo este año que pasó ella se portó muy bien  conmigo. Cumplió mis pedidos y  me cuidó mucho.

Pero, como quizás  no  fui  muy específica en algunas cosas, hizo lo que pudo, lo que supo o   lo que  la divirtió

Y por eso  algunas cosas fueron desorganizadas o caóticas, vistas desde afuera.

Pero en el fondo todo  sucedio en la medida de lo debido: pedí amor, y a falta de uno, me enamoré  de dos. ( y  eso implicó estrujamiento de  todas las célilas de mi cuerpo)

Pedí trabajo con mis manos, mi cuerpo y mi cabeza. Y  obtuve varios, que me dejaron feliz y agotada, pero no más  rica que antes. Diré que sobreviví más cómodamente

(por lo visto  el contrato dura un año, porque la semana pasada  se  terminó mi trabajo formal, y otra vez ando en la búsqueda)

Pedí reuniones con amigos. Y risas. Y  tangos

Y rock. Y alimentos de cuerpo y alma

Nada fue desoído

 Pero  siempre hay que dar en la medida de lo  pedido

Hay que ser generoso con la Pacha

Armo  mi  canasta , llevo una  pala... me abrigo y salgo entonces al frío del pueblo

Veremos que depara este año que comienza

 

La Mansión se desviste

Como sabrán hay miles de habitaciones en nuestra casa. Y es
inevitable que el amor nazca en cada rincón. La oscuridad, los
reflejos del agua en las ventanas, el perfume a jazmines añejos, la
música, todo ayuda a que, cuando la gente se encuentre, no pueda
dejar pasar el amor, del tipo que sea, por un rato o por la
eternidad.
La enorme cantidad de habitaciones, pasillos y recovecos ayuda a que
esto pase. Porque es lindo perderse para encontrarse.


Extraído del diario de Madame Lauquen, la dueña de La Mansión de la Laguna

Intolerancia

Todas las mañanas me despierto y bajo a la cocina, a preparar el
desayuno mío, y a supervisar de coté el preparado del desayuno ajeno.
Me encanta desayunar.
Generalmente lo hago en la terraza que da al norte, sobre la
Laguna, con otros mansioneros. Y cuando hace frío o sueño, en la
larga mesa del comedor.
Frutas, panes con semillas, leche y quesos. Uno que otro té.
Siempre mate... Esos son mis gustos, pero hay quienes prefieren un
cafecito chico y cargado, o bizcochitos de grasa, o facturas.
Otros quieren cacao, Okey de frutilla o banana, pan con
mermelada, o cafesotes con leche y chocolinas.
Muchos jovencitos desayunan con cereales y yogur. Otros con jugo
y alfajores, o ensaladas de tomate con cocacola. Unos pocos con
choripan y vino tinto, pero nunca faltan.
Cerveza con leche, me dijo una vez un mansionero alemán. Su nariz
roja y su panzota me dijeron que no debía experimentar ese desayuno.
Pero hay días que quienes desayunan empiezan mirando raro al
que está al lado en la mesa. Como si no entendieran que el otro
tiene derecho absoluto y total sobre la elección de aquello que lo
alimenta.
Pero no hay caso. Esos días vuelan galletitas arrojadas de una
punta a la otra de la mesa, y a veces peligrosas cucharas con miel.
Y no hay nada que los calme. Ni siquiera pararme en medio de la
mesa y gritar pidiendo respeto por mis canas.
He recibido desde zapatillazos hasta saquitos chorreantes de té.
Esos días me voy por los pasillos arrastrando las chancletas. Y
me quedo en mi habitación mirando el agua, allá abajo, que
refleja el sol o las nubes según corresponda.
No entiendo por qué tanto lío con el desayuno ajeno. No comprendo
adónde quieren llegar con eso de imponer su alimentación sobre el
otro.
Si lo que nutre a uno, a otro sólo lo enferma...
Pero esto que pasa, por más que me angustie o enoje, o trate de
combatirlo con algo de paz, es inevitable.
La intolerancia por el desayuno ajeno parece una enfermedad
endémica, y existirá mientras quede Mansión por habitar.
Lo único posible por hacer, es predicar con el ejemplo.
Insisto, cuando digo que son TODOS bienvenidos, no lo digo en
joda...
Y pueden elegir que desayunar. Yo no me enojo

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Historia de mañana

Una mañana  me desperté  con una caricia en mi cabeza, en  mi pelo  enroscado en la almohada

Era un día de semana, pero el despertador no había sonado. Otros llamados  llegaron antes.

Una mañana te quedaste ahí, a mi izquierda, en mi cama. Y no te fuiste de ese lugar

También te pegaste a  mi  compu, eligiendo música que te gustaba, trayendo la tuya propia. Igual que con los libros

Leía lo que me mostrabas mientras vos te  zambullías  en  mi biblioteca ecléctica y  me preguntabas sobre cada libro el porqué, el cómo y el cuándo  lo había leído, o qué había producido en mi.

Cociné tus comidas favoritas,  vos descorchaste esa botella.  Y esa otra.

Te reíste de mis pavadas, y yo  también de las tuyas. Y ahí nos dimos cuenta  de que no eran  ninguna pavada.

Me cepillaste el pelo, para  jugar... Y  yo  conté los lunares de tu espalda y los  comparé con las constelaciones, hasta que me di cuenta que formaban la misma figura que El Centauro

Una mañana me desperté  dandome cuenta   de que lo que quería vivir ya lo estaba viviendo.

 

 

 

 

Una mañana me desperté y me di cuenta  que había estado  soñando un sueño hermoso. Que nadie estaba cerca para contarselo. Y  que dependía  de mí salir a buscar las respuestas a la calle fría, o  quedarme adentro  llagandome la  carne con las lágrimas.

Mejor busco los guantes y la bufanda, no?

Cosas bellas

Navegando por ahí encontré  esto. No  es maravilloso?

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