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Gente del barrio
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"Si amas a alguien, dejalo libre Pero no te sorprendas que regrese con un herpes" Chuck Palahniuk, Fantasmas M: Ahora que estoy en Buenos Aires, me quiero comprar una bici J: Acá es peligroso ¿mirá si te atropella un subte? Ch: el Sub-Té es el té antes de ponerle el saquito. Es sólo una taza de agua caliente (¿ ahora entienden porqué extraño tanto a mis amigos de La Plata?) No tenía hilos, así que la hice de palabras.
Te digo todo lo que necesitás, si querés. Pero aparte, te digo que nunca estamos parados, mirando. Estamos más haciendo que otra cosa. Que ese viaje en colectivo desde Quilmes a Caballito que duró casi dos horas no fue en vano ni fue un capricho por no tomar el tren y el subte, tan monótonos ellos. Que la tarde entera tirado en el sillón o en el piso, haciendo zapping y rascándote el ombligo sirvió para algo. La mirada cambia, se nutre de paisajes tan extraños como cada recodo de nosotros. Por eso la comparación eterna con La Mansión enorme e infinita que nunca terminamos de conocer. La mente es el hogar. El cuerpo es el hogar. El alma, o eso con burbujitas que tenemos por adentro es el hogar que habitamos para siempre. El dolor de espalda pasará. El humo remontará vuelo, como tantas cosas (siempre queda el refugio del aire más puro, allá en la llanura del pueblo, no?) Y no creo que necesites realmente que te recuerde para que estás acá y qué defendés. A veces estamos muy seguros de saberlo y a veces no sólo olvidamos, sino que cambiamos la batalla, aunque parezca la misma.Y no está mal. Porque esto también pasará. El invierno, esa niebla que se pega en los ojos y el abrigo, la felicidad que no viene del todo a abrazarnos por la calle...todo pasará. No vendrá un mundo mejor a recibirnos para siempre al doblar ese pasillo. Quizás ese mundo mejor dure lo que dura ese pasillo, cada paso, cada metro que recorremos. Y que al abrir la puerta otra vez esté la desidia esperándonos con el mate frío y lavado. No te voy a andar diciendo, entonces, que la mansión es infinita. Por que lo sabés o lo intuís. Y si llega ese momento, en el descanso de la escalera que lleva al piso de arriba, en que ya estás cansado, en que no te dan más los pies, o las manos o la cabeza, cuando mires abajo vas a ver miles de escalones. Eso es lo único que debería impulsarte a creer. O a querer creer, que es casi lo mismo, pero más primitivo y visceral. La sordidez quizás no esté en el pasillo del subte, sino adentro del ojo. Pero viste lo hijo de puta que es el paisaje. Nos transforma y nosotros lo transformamos. Puro espejo son las paredes de la mansión. Y el sótano amenazador de oscuridad y humedades parece tenebroso. Y creemos que llegar a habitar ese lugar será la muerte. Hasta que descubrimos que allí está la bodega. Allí están los secretos. Nuestro lugar oscuro y sólo de nosotros. A veces, y dejame que insista con lo mismo, nada es lo que parece. Y te lo digo, más que nada, para convencerme. Porque a mi también me gustaría que alguien me tire una soga de palabras Te juro que es como si me hubieran arrancado un pedazo Te sigo leyendo, Negro... Quiero un novio que se anime a bailar " Procura", de Chichi Peralta conmigo ( ¿No es algo cursi? . Avisenmé...)  El sábado, en el pub, estos señores nos hicieron crujir las mandíbulas de risa Estoy feliz por haber ayudado un poquitín a que esto pasara. Esperemos que se repita pronto Así llegó mi abuelo al mundo, a puro guapeo. El médico que atendió a su vieja, allá en la Colonia 25 de mayo, en medio de La Pampa, le dijo que ese chico no iba a vivir. Lo bautizaron Luis María, nombre de político viejo, como a todos los siete varones que le siguieron. Se crió como pudo, como supo, como lo dejaron. Y se casó con la piba más linda de Quilmes. Una morocha de ojos de tiempo que derretía hasta las baldosas del bailongo cuando tangueaba. La cervecería, el club, la paleta, los amigos de siempre, la política, el campito, la quinta y el chamuyo eran la monotonía más maravillosa Pimera hija de su primer hijo.Única nieta mujer. Morcillita con ojos De su mano viajé en tren y en subte por primera vez, me enamoré de Buenos Aires, caminé hasta el cansancio absoluto, compré zapatos y escuché tangos y quejas de ´la vida de hoy en día, porque en sus tiempos se vivía mejor. Tener monedas pa´l tranvía era una cuestión de real importancia,por eso siempre ligaba los vueltitos de sus bolsillos. El te de manzanilla a la noche, o el helado de menta y café, cuando Titina estaba todavía...Los mates a la tarde, a la mañana, o cuando sea. El guiso perfumado con romero, salvia y otros yuyos. La siesta del verano, las contracturas de la espalda arrancadas con talco... Agarrá la pala, decía de cuando en cuando, para no perder esa costumbre. Se fue, después de estar un par de meses sufriendo como nunca nunca lo había hecho. Se fue a regar su quinta, a escuchar un tanguito, a bailar con Titina, a gritar por Perón hasta que lo persiguieran, a jugar a la paleta y a mirar, desde lejos, como seguimos viviendo. Sin él, pero viviendo Lo vi llegar a la puerta una noche de calor y viento, justo cuando mi madre se iba de viaje. El invierno estaba lejos, pero había argumentos para sentir cierto frío. Yo era una extraña en mi propio cuerpo, no sabía sostener mis manos, ni él su manera de caminar. Miraba de costado, como sospechando un encuentro sin planificar, o un crimen ya cometido. Más me quería acercar a él, y más se alejaba de mí. Ni esperé a que posara el vuelo en mi charla. O por lo menos en mis ojos. Hablé más que nunca. Me intimidaba tanta calma en él. Yo era un despliegue de gestos e incomodidades en lo estrecho del asiento. Y a veces tenía que pararme y hacer algo, no importaba qué, pero diferenciarme de su estatismo. Tropezando con mis manos y mis palabras, enredándome en demostraciones absurdas él me frenó. Me dijo, casi casi sin mirarme: sos una persona muy eléctrica vos… No me gusta que seas así ahora. Frená. Me enojó demasiado su abuso de confianza, su agresión y su tono. Justo ahí empezó a hablar. No contó mucho. Pero todo fue suficiente como para que a los cinco minutos lo empezara a querer. Esos días lo veía siempre de noche. Cruzaba la calle o el bar seguido de su séquito pobre de gente, porque su manera de desenvolverse en el mundo era esa, la de un rey. Todos, yo incluida, cumplíamos sus órdenes. Una vez nos fuimos del bar actuando una pelea de novios, para que se pudiera robar un trago y salir disimuladamente. Me ponía a prueba sin dudar, y dándome motivos de duda sobre mi. Me hizo reír y enojar con sus teorías sobre la rebeldía y la música. Me dio confianza haciéndome desconfiar de mi misma. Se fue un día a la gran ciudad, y por mucho tiempo no supe nada, apenas unos datos perdidos extraídos del Messenger. En julio volvió. Distinto, pero si grandes modificaciones visibles. Las cosas invisibles estaban, sin embargo, flotando como niebla y como hilos de colores en el viento, sobre su cara. Llegó a nuestra mesa del bar y otra vez me intimidó, pero no me dejé convencer por mí. No me di bola, y lo miré con mis ojos abiertos Y otra vez, pero en medio del invierno, me desarmó los argumentos del frío. Y ayudó, junto a otros, a convertir el departamento de la tía, en La Mansión. Desplegó su risa y su vulnerabilidad. Mostró su amor por las cosas y la gente. Nos pintó de azul y verde la cara. Nos llenó la casa de humo de camel, me emborrachó riendo, me ordenó la complicidad, me abrazó dulce y melancólico, me confió muchos no secretos, me volvió a emborrachar, tiró piedras a la iglesia, me impulsó a quererlo más, hizo enojar y reír a muchos y se volvió a Buenos Aires dejándome un olor a felicidad casi perdurable, sacándonos el frío de julio, al fin. Etiquetas: pablo Hay vecinos nuevos en el barrio: Marcelo, sus Salieris y mis anhelos todo mezclados en una loca loc telenovela internética. Pasen y vean (como el sistema de poner links a los cosos cambió y yo soy del campo, acá les dejo esto: www.salierisdelacanna.blogspot.com www.marcelolacanna.blogspot.com . No dejen de pasar por lo comments) Matias Roberto Ezequiel dice:Nueve de Julio es mi patria, al carajo con Argentina. Patria es ese lugar que si se nombra uno se siente nombrado. Quien dice Nueve de Julio me esta llamando a mi.Manu dice: hoy vi un negocio con mariscos, cosas asi, de pescado María (extrañandote, aunque no debería) dice: que rico, mariscos Manu dice: "frutos de mar" María (extrañandote, aunque no debería) dice: si, eso Manu dice: habia una vidriera y se veian todas las cosas Manu dice: y yo estaba del lado de la lluvia Manu dice: y era rico
Linda imagen de regalo, para una tarde nublada Tante Grazie Nada más bello que perderse en Parque Chas, cuando el invierno vigila. Un tal oso figueredo escribiendo comments en un blog Dieguez, leyendo entre giladas las verdades. Yo, reproduciendolas Y así hasta el infinito Pero nunca menos ciertasMe dijo: dale, si te tengo unas ganas. Y lo único que pude pensar es que yo ya no. -Estuve el fin de semana con Lorena y me di cuenta que todo el tiempo nos pasan esas cosas- -¿Qué cosas- -Eso.El desamor y la risa y los amigos y las futuras pastas caseras con tuco y la guerra de las galaxias, y el locro sin carne, y los recitales inusitados y los libros magicos y eso. A Manu nunca lo besé. A Manu lo besé más que a nadie. No es nada raro.Manu no son los únicos. También ha habido otros nombres repetidos en mis días, pero no los asocio con una misma cosa como a Manu. Porque no es Manuel.Ellos son Manu. Y está bien. Tristemente bien. Perfectamente bien que a Manu lo haya besado tanto. Que a Manu no lo haya besado nunca. El Manu jamás besado es poeta, mi poeta, que siempre que ejerce su profesión me conmueve. Me dan ganas de llorar, de besarlo en la sien cuando me lee o lo leo.. El Manu muy besado está muy lejos. Ya lloré por y con él. Y ahí sí, sin vergüenza. Con el otro Manu jamás lloro, aunque quiera. Ni lo beso en la sien. No puedo. No. Pero puedo mirarlo.Eso sí puedo. Como a muy pocos hombres. Mirarlo de ojos abiertos, los míos y los suyos. Y ver que atrás de tanta historia hay inocencia en sus cinco rincones. Más que historia incluso. A Manu lo quiero. A Manu también lo quiero. A uno perdonándole el pasado. A otro permitiéndole el futuro. Y agradeciendole que en el presente me prestó un libro de Bolaño. Agarró el frasco de perfume que yo acababa de usar, y se puso en el cuello. -¡Abu!, ¿qué hacés? Es para mujeres...- - ¿Y qué tiene? Yo también soy para mujeres- Dice Voltaire en su Diccionario filosófico: Lactancio, padre de la iglesia, hace decir a Epicuro “O Dios quiso quitar el mal del mundo y no pudo, o pudo y no quiso, o no quiso ni pudo, o quiso y pudo”. Si quiso y no pudo, es impotente, y esto es contrario a la naturaleza de Dios. Si pudo y no quiso, es perverso, y esto también es contrario a su naturaleza. Si no quiso ni pudo, es al mismo tiempo perverso e impotente. Si quiso y pudo, que son los únicos partidos que convienen a Dios, ¿por qué existe el mal? Muy poco saben que uno de los mansioneros más ilustres que habitan esta casa es un viejo de barba blanca, que sólo trabaja por esta fecha. Sí, claro que la obviedad sería decir con voz infantil y emocionada ¡Papá Noel!. Pero no. Este hombre se llama Don Nicolás. Un día, tomando mate en el balcón del oeste, el que mira a la ciudad, me contó su historia. El vivía en la patagonia ( no especificó dónde, pero por la descripción del paisaje, creo que en la zona costera de Chubut) con su mujer y su campito. Criando ovejas, tallando maderitas y huesos, andando caminos en sulky, con Roberto, su caballo , y Sultán, su perro. Un día tuvo una Revelación. Cerca de navidad estaba llevando al pueblo unas bolsas llenas de la lana recién esquilada, y en el medio de esa nada inmensa que es la patagonia, se encontró con una familia, madre, padre y niño, que le pidieron ayuda para llegar al próximo poblado. Se veían, si eso era posible, más pobres que el mismo Don Nicolás. Ya en el sulky, le contaron que estaban buscando un buen lugar para poder establecerse, empezar de nuevo, y criar a Juancito, que tenía 5 años, y que querían que fuera a la escuela, no como ellos, que nunca pudieron aprender más cosas que aquellas que el tiempo y el camino recorrido les fue dando. Le contaron, también, que venían de muy lejos, tanto que ni sabían. Don Nicolás nunca supo si le hablaron del tiempo o el espacio. Los ayudó a buscar un lugar adonde quedarse ( Don Gaspar, el turco, les dio una pieza y lo contrató a Pepe para que lo ayudara en el mercadito) Y se despidió de ellos entre augurios de éxitos y y bendiciones ,de ambas partes. A Juancito, por su futuro y próximo cumpleaños, le regaló un guanaco tallado en madera. Nunca vió un brillo tan maravilloso como el de los ojos del chico, me dijo. Un tiempo más tarde, y de vuelta en le pueblo, fue al mercado de Don Gaspar a comprar yerba y otras cosas, y le preguntó por la familia. El turco le contó que hacía dos semanas que habían desaparecido. Se fueron en la noche, sin llevarse más que lo puesto, y sin dejar ni una nota. Don Nicolás se preocupó mucho. Don Gaspar hizo extrañas suposiciones, en base a lo poco que le contaron de sus vidad. Parece que se venían escapando de un "pesado" que se las tenía jurada, quién sabe por qué asuntos. Y le dió a Don Nicolás, mientras se despedían, el guanaquito de madera que él le había regalado a Juancito. Miró la talla, recordando esos ojos brillante y alegres, al viejo se le piantó un lagrimón. Y, mientras volvía al rancho con Roberto y Sultán, no pudo dejar de pensar en eso. La esperanza que emanaba de esa pobre familia se podía palpar. Le grabaron una sonrisa en su cara arrugada. Y ya no estaban. Se dedicó durante todo el año, en sus ratos libres, a tallar animalitos, a construir juguetes, a ayudarla a Matilde, su mujer, a hilar la lana y tejer muñequitas, a comerciar con sus amigos tehuelches algunas de sus artesanías a cambio de lanas y changas. Todo para ir, cerca de Navidad, al pueblito y tratar de encontrar en los ojos de esos otros chicos, los de Juancito. Todo por ver la alegría en las caras de los hijos que nunca tuvo. Y fue felíz, porque la encontró. Durante años realizó su "ritual navideño". Y cuando Matilde murió, cargó el sulky con sus bolsas de arpillera llenas de sus cosas, y con Roberto y Sultán emprendió el camino hacia las pampas. Alguien le había contado de una casa grande, en una isla lagunera, que albergaba a seres tan melancólicos y felices como él. Y con ocupaciones tan extrañas como la suya. Así llegó a la Mansión una tardecita de verano. Ya ni me acuerdo cuántos años hace que está acá. Con los restos del mate en la siesta, y tratando de no ser impertinente, le pregunté de dónde sacaba ahora los regalos que, inevitablemente, seguía repartiendo ( cerca de fin de año carga el sulky con sus bolsas de arpillera gastada, lo llama a Roberto con un silbido al que también responde Sultán, y se van los tres, como cantando, por el camino) Y sonriendo entre sus arrugas y su boina, estirándose las piernas de su bombacha de campo bataraza, me dijo: Pero mujer! No viste que no tengo, materialmente, nada? No te fijaste que las manos no me dan más para tallar con precisión las maderitas? Pero- le repliqué- las bolsas salen llenas, gorditas, cargadas. Y parecen muy pesadas. Claro, piba- me contestó- Si van llenas de Esperanza.
Espero, sinceramente y de todo corazón, que Don Nicolás pase por su casa ( que es La Casa, obvio) Y que su dulce carga caiga a raudales sobre sus almitas Madame Lauquen A la gente del barrio, a veces le pasan cosas así, como las que que cuenta OlafMi amigo está triste. Se cruzó por casualidad con una mujer que tiempo atrás le había llenado la cabeza y el cuerpo de amor, y que por asquerosos destiempos no pudo retener. Mi amiga está triste. Su pareja o algo así no está. Se borró de la cotidianeidad como un dibujo hecho con tinta bajo el agua. Está sola, y lo sabe, pero no lo sabe. Mi amigo está triste. Está enamorado de alguien que no le corresponde, y se obnubila con falsos amores que no son amables. Todo lo hace para no pensar siquiera en sufrir. Mi amiga está triste. Meses más tarde se dio cuenta que la persona con la que está jugó un papel y no se mostró verdadera. Que la envolvió de palabras, pero ahora los hechos la están matando. Mi amigo está triste. Cree que la persona que ama o cree amar, podrá cosntruir algo con él, algún día. Pero ella ya construyó las cosas con otro, y para mi amigo es irremediablemente tarde. Yo estoy triste. Todo lo que pretendo de mi amor es que sea correspondido. Y no estoy ni cerca. Ya no hay nada más para decir. Vientos de cambio se aproximan. Muerte inminente de las cosas. Por suerte nos tenemos a nosotros, y así el desamor no es tan terrible. Gelida luciérnaga adornada de yuyos sucios. No lo molestes más al ángel, que no puede volar. Ni siquiera se deja querer por mi. Para combatir el aburrimiento, somos diferentes (iba a decir “Gracias a Dios”, “Por suerte”, “Por alguna razón” y otras huevadas, pero no estoy segura de que sea por eso. Y el tema de combatir el aburrimiento me suena mejor. Bueno, sigo->)Por eso, lo que a vos te alimente, a mi puede envenenarme. Permitime que insista: No,gracias. No quiero. Ta claro? Salgo a la vereda a jugar a la rayuela, y mientras dibujo con tiza azul mi futuro recorrido veo que los viejos árboles de la cuadra se llenaron de hojas nuevas. Empiezo a jugar, pero mi piedra rueda lejos y mi rayuela se alarga. Ya no termina en el 10 o el Cielo, sino que baja por los adoquines. Quiero saber adónde termina esto, y sigo y sigo saltando, buscando el final. Llego a la puerta de una casa, que no es la tuya, pero vos estás ahí. Me ves cansada por la rayuela, y me das limonada y buena musiquita, que siempre reconfortan. Tus rulos sonríen y me doy cuenta que también estás lleno de hojas nuevas. Me vuelvo al barrio silbando bajito y pensando que la realidad superó la ficción planteada por el MSN, y eso que no estaba nada mal. ¿Y ahora? Sin plata, sin oro ¿cómo traer a alguien nuevo al barrio? ¿qué empresa de fletes aceptará tal mudanza? ¿cómo sobrevivir sin una casa confortablemente equipada, por lo menos con lo básico? Esperaremos en la vereda hasta que salga el sol Pero esta noche está más fría de lo que esperábamos. Ma Lau: leíste mi blog? Te gustó? X: sí.. y después , saltando de link en link, conocí otros...ay ay ay ustedes los bloggers!..... M: qué? X: si tuviera que definirlos.... no sé.... son como...periodistas de su propia almita, chusmas de sí mismos, ombligueros in extremis... M: y? X: no sé... me pareció muy clasemedia el asunto. Psicoanálisis, inglés, trabajo de oficina o estudios universitarios. Gato y perro; mamá y papá. M: pero yo no tengo esas cosas, bueno, no todas. X: pero quizás las tuviste,o quizás las añorás, o deseás. M: y por eso creés que tengo un blog? X: No, por contagio. Ser blogger es una enfermedad altamente contagiosa, que espero no adquirir... M: Vos sos mi amigo, no te preocupes... pero ya vas a caer Después de la charla con Pedro del otro día, no pude dejar de pensar ... Y revolviendo en archivos ajenos, les dejo esto para pasear M - ¡Pero cómo puede ser que no te acuerdes de la revista Humi, pedazo de nabo! ¡Si tenemos la misma edad, somos amigos desde pendejos, compartíamos todo...! P- Yo no usaba tus bombachas M- ¡Qué gil! P- Y bué... no me acuerdo, qué querés que te diga? M- Daaale, acordate. ¿No te acordás del Cachuso Rantifuso? P- ¿ Ese que cuando te distrajiste te la puso? M-¿Hoy estás tarado a morir, no? P- Noo, nada más te quiero hacer enojar, porque me divierte. ¿cómo no me voy a acordar? Me acuerdo de todo: de las letras de la tapa, gorditas como los caramelos sugus confitados que comemos en el cine. De los consejos de camping, de cómo lavar los platos con el agua del arroyo y arena, para sacarle la grasa, de una nota de ecología, de los maravillosísimos dibujos de Nine, que nos daban como miedito, pero nos enloquecían, de... M- ( Haciendo pucheros, con los ojos llenos de brilitos y a punto de piantarselé un lagrimón, o comerle la boca de un beso, quién sabe) P- Y me acuerdo de lerla en la vereda, a la hora de la siesta, abajo del acacio bola, mientras el otro, el que no leía, aplastaba con un palito algún bicho canasto
Silencio de la tardecita. Los dos se siguen mirando.
M-(sin saber cómo reaccionar)¿viste? ya no hay más bichos canasto P- Sí. Ya no hay El barrio se puso lindo. Las flores del verano se mueren de a poco, y las casa se visten de color naranja. Nuevos vecinos se mudan a la cuadra, y entre mates y charlas se nos va la noche. Quiero invitarlos a pasear por acá.
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