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Guonderlan

No hagan olas

Otra noche en tu compañía. Noches enteras en que no te despegás de mí. Y no lo sabés.
Esto de que aparezca nueva gente en tus sueños, y que lo trates de explicar, no es simple.
Anoche, en realidad, no apareciste. En tu lugar, o en el lugar de tantos otros, apareció el hombre del pasado. Y olas gigantes.
Ayer le contaba a mis amigas nuevas que mis temores viejos, durante el viaje por Oniria, son las olas gigantes en un mar embrabecido, cruel.
Y anoche, casi casi por sólo conjurarlas, aparecieron.
Hacía mucho que no las veía. Y las pude manejar mejor.
Eran de color verdoso, como aceituna. Y olían exactamente a aceitunas. Era un gigante mar de salmuera, que atravesaba la porosidad de ventanales vidriados, y no los rompía.
Y yo casi no temía.
Pero, lo desconcertante, era el sabor a lágrimas que te dejaba la ola cuando se iba
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