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Guonderlan

Casa Grande

Mi casa se transforma. Se convierte en todas las casas en las que alguna vez viví.
Pero no me pierdo, sino que sé exactamente cuando, al doblar por un pasillo, estoy en la casa de 66, o en San Telmo, o cuando una puerta me deja exactamente en el borde del patio del 9.
Tengo en la boca como un sabor de sal húmeda, que no me deja pensar en otra cosa. Y esa otra cosa son los rulos de tu cabeza, que se esfuman detrás de un marco de puerta blanca, como la del living de la casa de mi abuela, la de Quilmes.
Los persigo,pero ya no es la cocina esa, sino que es la habitación esa en que nos encontramos esa noche, no con vos, pero sí con otro que bien podrías haber sido vos, aunque no tenía tu perfume.
Me distraigo tratando de escapar de una mariposa atroz que se viene encima mío, y al doblar por esa esquina, me choco con vos, que me decís:no estás cansada de todo esto?
No me dejás ni contestarte, y me besás.
Cuando abro los ojos, estoy cerca de las vías. Y tu tren se va.
Pero no importa.
Me gusta el sabor de tu saliva y el olor del tren.
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1 comentario

Olaf -

Bue-ni-si-mo!
Me encanta lo tuyo...
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