Novedad tarde
Me olvidé de avisar: antes de ayer me comí la primera mandarina del año
Me olvidé de avisar: antes de ayer me comí la primera mandarina del año
El acto simple y complejo de plancharse el pelo hace que la gente, al vernos, diga: que te hiciste?
Y el tema no es qué nos hicimos, sino qué vamos a hacer con los pelos así...
¿En qué rincón ausente de ésta esfera te escondiste?
Dame una pista
Oigo tu risa llamándome, hasta el desierto
pero este laberinto es muy complejo
y tengo hambre y sueño
De vos, claro, pero sin embargo...
No veo bien
No sé si es por él tic nervioso nuevo ( recién estrenadito), la miopía del mundo, mi astigmatismo o yo (mi estigmatismo y yo)
Por eso buscar y rebuscar es tan difícil.
Se me llenan de tierra las uñas que ya no me como.
Dientes con pulloveres. Dientes que muelen, cortan, se caen, sonríen.
Mastico el espacio y nada.
Pero se oye mi nombre en tu voz del otro lado.
¿del otro lado de dónde?
Pared escenográfica pintada. Hecha de cartón, de papel, de cáscaras.
No es lejos, ni pesada, ni fija.Quiero tirarla.¿Se podrá?
Dientes que comen, que atraviesan, desgarran.
Espero no indigestarme
Se oye el otoño acercarse, tan denso, y el mar tan sin mí.
Será mañana
-Tus parangones me fascinan!-
- Y eso que no viste mis palanganas...-
En esta sección trataré de ser sólo una corresponsal de la realidad. Mi madre, mi padre y sus amigos se verán ( o no) reflejados acá. Y eso lo hago para saber cómo seremos en unos años. Porque ningún fruto cae lejos del árbol.
Amiga de madre:
Yo no entiendo eso del chat.Para qué? Todas ponen: "tengo 42, pero parezco de 37, espíritu de 25, soy simpática y curiosa" Yo pondría: " tengo 45, pero parezco de 56. Espíritu de 60. Estoy muy chota."
Ya lo dijo el poeta Inodoro Pereyra: con la verdad, no ofendo ni temo, pero con la mentira, zafo y sobrevivo
Y ya lo ve, y ya lo ve...pero no es definitivo. (y eso era obvio viniendo de mi)
Dice Voltaire en su Diccionario filosófico: Lactancio, padre de la iglesia, hace decir a Epicuro O Dios quiso quitar el mal del mundo y no pudo, o pudo y no quiso, o no quiso ni pudo, o quiso y pudo. Si quiso y no pudo, es impotente, y esto es contrario a la naturaleza de Dios. Si pudo y no quiso, es perverso, y esto también es contrario a su naturaleza. Si no quiso ni pudo, es al mismo tiempo perverso e impotente. Si quiso y pudo, que son los únicos partidos que convienen a Dios, ¿por qué existe el mal?
Después de los manjares, las migas nos reconfortarán
Paz adrenalínica.
Karmas que se cortan
Felicidades lejanas que irrumpen la siesta.
Un loft en el sótano de mi abuelo, una vista al mar y a la pileta.
Un amor...¿inesperado?
Todo filtrado de naranja y turquesa.
Dinero en los cajones, cinturas en mi cintura.
Cosas que casi son lo que no son
Sonrisa, más allá de la muerte propia y ajena.
Como habrán notado, estoy altamente fiacosa para escribir, incluso para escribir que ando con fiaca.
Encima ando de nómade por los barrios del mundo: La Plata, Quilmes, Buenos Aires, y otra vez el pueblo, de ida y de vuelta.
Si ven por ahí una chica con una mochilota, los pelos cortos, flequilluda, con anteojitos medios nerd, cantando por la calle y sonriente, saludenmé
Los reyes se portaron: me trajeron papeles, pinturas y esas cosas que nos entretienen y nos dan de comer.
Pero enero se pasó, y la pelopincho está apunto de rebalsar por las lluvias de febrero.
Pasan los cumpleaños de los amigos, y yo tan lejos.
Pasan las vacaciones ajenas, y yo sin ellas.
Y más allá del agua que cae, veo un poco de luz y viento.
Hoy corté el pasto del jardín, y puse una palangana con agua al lado del montón de yuyos cortados.
Lavé mis ojotas y las dejé listas; y de las empanadas que hagamos hoy voy a reservar tres, junto con un poco de vinito.
Creer no cuesta nada.
En una de esas, consideran que me porté bien y me dejan regalo
De vuelta en casa, pero sin las caras de siempre para pasar los festejos acostumbrados, brindando a las 12 como si fuese añonuevo, pero siendo Navidad; sin regalos ( sólo de mi abuela, que como muchas abuelas les preocupa eso mucho) pero con mucha alegría extraña que sale de un lugar que no recordaba tener
Que lindo es eso de descubrirse así.
¿Qué le pidieron a papanuel?
Muy poco saben que uno de los mansioneros más ilustres que habitan
esta casa es un viejo de barba blanca, que sólo trabaja por esta
fecha. Sí, claro que la obviedad sería decir con voz infantil y
emocionada ¡Papá Noel!. Pero no.
Este hombre se llama Don Nicolás.
Un día, tomando mate en el balcón del oeste, el que mira a la ciudad,
me contó su historia.
El vivía en la patagonia ( no especificó dónde, pero por la
descripción del paisaje, creo que en la zona costera de Chubut) con
su mujer y su campito. Criando ovejas, tallando maderitas y huesos,
andando caminos en sulky, con Roberto, su caballo , y Sultán, su
perro.
Un día tuvo una Revelación. Cerca de navidad estaba llevando al
pueblo unas bolsas llenas de la lana recién esquilada, y en el medio
de esa nada inmensa que es la patagonia, se encontró con una
familia, madre, padre y niño, que le pidieron ayuda para llegar al
próximo poblado. Se veían, si eso era posible, más pobres que el
mismo Don Nicolás. Ya en el sulky, le contaron que estaban buscando
un buen lugar para poder establecerse, empezar de nuevo, y criar a
Juancito, que tenía 5 años, y que querían que fuera a la escuela, no
como ellos, que nunca pudieron aprender más cosas que aquellas que el
tiempo y el camino recorrido les fue dando.
Le contaron, también, que venían de muy lejos, tanto que ni sabían.
Don Nicolás nunca supo si le hablaron del tiempo o el espacio.
Los ayudó a buscar un lugar adonde quedarse ( Don Gaspar, el turco,
les dio una pieza y lo contrató a Pepe para que lo ayudara en el
mercadito) Y se despidió de ellos entre augurios de éxitos y y
bendiciones ,de ambas partes.
A Juancito, por su futuro y próximo cumpleaños, le regaló un guanaco
tallado en madera. Nunca vió un brillo tan maravilloso como el de
los ojos del chico, me dijo.
Un tiempo más tarde, y de vuelta en le pueblo, fue al mercado de Don
Gaspar a comprar yerba y otras cosas, y le preguntó por la familia.
El turco le contó que hacía dos semanas que habían desaparecido. Se
fueron en la noche, sin llevarse más que lo puesto, y sin dejar ni
una nota. Don Nicolás se preocupó mucho. Don Gaspar hizo extrañas
suposiciones, en base a lo poco que le contaron de sus vidad. Parece
que se venían escapando de un "pesado" que se las tenía jurada,
quién sabe por qué asuntos. Y le dió a Don Nicolás, mientras se
despedían, el guanaquito de madera que él le había regalado a
Juancito.
Miró la talla, recordando esos ojos brillante y alegres, al viejo
se le piantó un lagrimón. Y, mientras volvía al rancho con Roberto y
Sultán, no pudo dejar de pensar en eso. La esperanza que emanaba de
esa pobre familia se podía palpar. Le grabaron una sonrisa en su
cara arrugada. Y ya no estaban.
Se dedicó durante todo el año, en sus ratos libres, a tallar
animalitos, a construir juguetes, a ayudarla a Matilde, su mujer, a
hilar la lana y tejer muñequitas, a comerciar con sus amigos
tehuelches algunas de sus artesanías a cambio de lanas y changas.
Todo para ir, cerca de Navidad, al pueblito y tratar de
encontrar en los ojos de esos otros chicos, los de Juancito. Todo por
ver la alegría en las caras de los hijos que nunca tuvo.
Y fue felíz, porque la encontró.
Durante años realizó su "ritual navideño". Y cuando Matilde
murió, cargó el sulky con sus bolsas de arpillera llenas de sus
cosas, y con Roberto y Sultán emprendió el camino hacia las pampas.
Alguien le había contado de una casa grande, en una isla lagunera,
que albergaba a seres tan melancólicos y felices como él. Y con
ocupaciones tan extrañas como la suya.
Así llegó a la Mansión una tardecita de verano.
Ya ni me acuerdo cuántos años hace que está acá.
Con los restos del mate en la siesta, y tratando de no ser
impertinente, le pregunté de dónde sacaba ahora los regalos que,
inevitablemente, seguía repartiendo ( cerca de fin de año carga el
sulky con sus bolsas de arpillera gastada, lo llama a Roberto con un
silbido al que también responde Sultán, y se van los tres, como
cantando, por el camino)
Y sonriendo entre sus arrugas y su boina, estirándose las piernas de
su bombacha de campo bataraza, me dijo: Pero mujer! No viste que
no tengo, materialmente, nada? No te fijaste que las manos no me dan
más para tallar con precisión las maderitas?
Pero- le repliqué- las bolsas salen llenas, gorditas, cargadas. Y
parecen muy pesadas.
Claro, piba- me contestó- Si van llenas de Esperanza.
Espero, sinceramente y de todo corazón, que Don Nicolás pase por su
casa ( que es La Casa, obvio) Y que su dulce carga caiga a raudales
sobre sus almitas
Madame Lauquen
Quiero ver YA esta película
Terminé mi año en la escuela de teatro. Aprobé el final, arriba de una balsa.
A punto de ser arrastrada por un río desbordado ,en una embarcación que era un pizarrón dado vuelta, con una compañera que un rato antes había estado a punto de desfallecer de hambre y ahora llamaba su hermana perdida, con lluvia en mi cabeza que había salido de una botella de agua, con mi bote robado, con la desesperación y la certeza de que iba a morir si no salía de ahí, con camalotes rodeandonos, y todo esto en una habitación de 4 por 10, frente a compañeros y profesores, el título es de lo más jutificado
A la gente del barrio, a veces le pasan cosas así, como las que que cuenta Olaf
Hace ya tiempo que tengo que lamer tu piel de madrugada, y no te encuentro el olor que te reclamo.
Se que sos vos, de piel canela y barro en la frente, pero no te reconozco porque no te huelo.
Te tengo que construir desde el tacto, o el sonido, o la mirada. Y yo, tan acostumbrada a los perfumes, no me encuentro en vos tampoco.
Atados a las sillas, abrazados en el piso, de pie, junto a la orilla...
El aire está distinto.
Quizás tu perfume es tan inmenso, que ya lo abarca todo y nos envuelve.
Quizás el tilo de las calles sos vos, que estás presente.
Uñas rojas en mis dedos
Es tan extraño
¿Quién dictaminó que la sangre en la punta de las manos es bello?
¿A quién respondo por el asesinato que no cometí?
Sí, creo que me pinté así las uñas por que ya me siento culpable de algo
Pero no sé de qué.