Guonderlan |
![]() Turismo por un barrio mental casi como cualquier otro
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Nunca los conté, pero haciendo un promedio, y teniendo en cuenta que en una época me lo tomaba muy en serio, debo andar por el número 385 El que nunca fue una realidad. El que descubrí al bajar del subte Sólo mi vocación La última vez que conté, alrededor de 10 Calculo que un promedio de dos horas por día, a lo largo de 31 años. Eso hace unas 22.630 hs Supongo que voy a ocultarlo, pero cuando tenga ganas. Ahora no Ambas. Pero da fiaca Gomas de borrar Una máquina expendedora de golosinas Casi 10, creo Sólo con un par 1)una familia 2)buenos amigos 3)un hogar 4) los sentidos sanos 5)ser bella 6)una bicicleta 7)pasarla bien 8)un cuaderno 9) uñas y dientes 10)una cama Permisividad Veamos: 4 Una casa con más de 3 habitaciones Sí, claro Lo de siempre: escribir el guión mental y que el universo decida el rodaje. (pero la productora soy yo) ¡Me encanta! Así estoy... El culo y la cabeza La entrepierna Los dientes Sacudirme la fiaca 1)ropa linda 2)un auto 3)un marido 4)un hijo 5)un departamento 6)computadora 7)teléfono 8) muchos amigos 9)ser linda 10)un buen pasar Capuchones de bic (Lo que sospechan es verdad: están desordenadas, y son absolutamente ciertas. Como las cosas de la vida) 1. ¿Cuántos enamoramientos tuviste? 2. ¿Cuál duró más? 3. ¿Cuál menos? 4. ¿Cuántas horas de tu vida le dedicaste al vuelo mental/ hacerte la película/ soñar despierta/ delirio? 5. ¿Salió algo de todo eso? 6. ¿Cuántas canas tenés en este momento? 7. ¿Vas a hacer algo al respecto? 8. ¿La crema antiarrugas es una opción o un mandato? 9. ¿Que es lo primero que comprarías si recibieras YA un millón de dólares y lo tenés que gastar sólo para vos? 10. ¿Y lo último? 11. ¿Y lo del medio? 12. ¿Con cuántos tipos fantaseaste tener hijos? 13. ¿Con cuántos de ellos lo harías realmente? 14. ¿Exactamente por qué serías mala madre? 15. Nombrá 10 cosas que parezcan imprescindibles pero que no lo sean. 16. Y viceversa 17. ¿Cuantas cuentas pendientes sexuales te quedan? 18. ¿Planificás cobrarte alguna en los próximos 6 meses? 19. Detallá tu estrategia 20. ¿Disfrutas sacándote /sacando granitos o te da asco? 21. ¿Que te gusta rascarte antes de dormir? 22. ¿Que revisación/arreglo/chequeo médico postergás más? 23. ¿Cuál disfrutás morbosamente? 24. ¿Con qué objeto te limpiás las orejas? 25. ¿Con qué objetivo? Bue, por ahora hasta ahí. Mañana, mis respuestas Advertencia: si no le gustan las listas, no siga. Si puede con ella, trate de verla en imágenes sensoriales. si lo logra, comente Olías a mar y a limpio. Pero a algo más lejano que el mar también. Olías a atardeceres de viento en la playa. A seres ya bañados y en busca de algo. Quizás de un puesto de canje de revistas, de esa nippur o intervalo que cortara la rutina. Olías a acercarse al puerto a la hora de la cena. A alegría de verano frío, de semana santa caliente. A ropa de pucho. A cine de tarde. A ola rompiendo. A pies en la arena. A garrapiñadas en la calle. A ducha en baño alquilado. A sexo silencioso, por los chicos. A sombrilla pesada pero jamás perseguida. A amanecer en las reuniones. A peatonal, de la mano. A capricho de hijo. A malla nueva a fin de temporada. Al viento en la cara. Al aire que se pega en la cara, al aire de sal. A la gaviota inmóvil. A miles de baldosas caminadas. A la corbata abandonada. A cadena como peso, condena. Pero también liberación, por el conocimiento. Al amor como lo virtual y lo real. Al abandono de todos los otros de mi vida. A la vuelta a Palermo, o Villa Crespo. O Caballito. Al recuerdo de la feria. A los alfajores a la nonna A la fantasía diluida por el presente tan tangible. Al perdón de todos los pecados. Al dormir más placentero de tu vida. A la cucharita reparadora Al llanto que empaña los anteojos manoseados A la última mentira de tu vida Al abrazo verdadero que desarma Al café con leche tan caro A cada uno de tus granos A cada pelo de tu pecho A cada signo de tu almohada A cada botón de tu camisa que en segundos voy a desprender Al costurón rojo en el cuello A la cana que asoma ahí, en tu sien. A cada una de las cientos de ellas que la rodearán un día. Al pasado trágico y febril. Al futuro, que da asco de belleza. A la mesa llena de despojos. Al alcohol en las venas de una amiga A los rulos y dudas y de la otra A los miedos que no quiero revisar Al dinero que no tengo y he perdido Al jefe tan odiado que no es. Al jefe, que es tan uno mismo que impresiona A eso que no somos y queríamos Al lugar que no fuimos pero está A lo que existe más allá de la sonrisa Al gesto involuntario de la foto Al hombre que me espera y que no voy A la Mansión inmóvil y mutable A mis ropas usadas de sudor Al sueño que me llega desde lejos A la cucharita que no pudo ser aún Al lápiz carcomido. A Carlitos A la mentira hermosa de crecer A cada uno de los que abrazabas esa noche A la resignación de la amistad A todos aquellos que ni imaginábamos A ese que te pegó para salir Al cuero de la cartera que no tengo Al vestido de colores que perdí A la versión hermosa de uno mismo A cada peca de su cara A cada mano que se dejó caer A los zapatos que sobraban A cada retazo de lo que ya no es A cada capitán, a cada lobo A cada bandoneón que se calló A cada gorda hermosa que he besado A cada temblor del pie en el escalón A todo esto y quizás más cosas olías en el breve abrazo que te di. No tenía hilos, así que la hice de palabras. Te digo todo lo que necesitás, si querés. Pero aparte, te digo que nunca estamos parados, mirando. Estamos más haciendo que otra cosa. Que ese viaje en colectivo desde Quilmes a Caballito que duró casi dos horas no fue en vano ni fue un capricho por no tomar el tren y el subte, tan monótonos ellos. Que la tarde entera tirado en el sillón o en el piso, haciendo zapping y rascándote el ombligo sirvió para algo. La mirada cambia, se nutre de paisajes tan extraños como cada recodo de nosotros. Por eso la comparación eterna con La Mansión enorme e infinita que nunca terminamos de conocer. La mente es el hogar. El cuerpo es el hogar. El alma, o eso con burbujitas que tenemos por adentro es el hogar que habitamos para siempre. El dolor de espalda pasará. El humo remontará vuelo, como tantas cosas (siempre queda el refugio del aire más puro, allá en la llanura del pueblo, no?) Y no creo que necesites realmente que te recuerde para que estás acá y qué defendés. A veces estamos muy seguros de saberlo y a veces no sólo olvidamos, sino que cambiamos la batalla, aunque parezca la misma.Y no está mal. Porque esto también pasará. El invierno, esa niebla que se pega en los ojos y el abrigo, la felicidad que no viene del todo a abrazarnos por la calle...todo pasará. No vendrá un mundo mejor a recibirnos para siempre al doblar ese pasillo. Quizás ese mundo mejor dure lo que dura ese pasillo, cada paso, cada metro que recorremos. Y que al abrir la puerta otra vez esté la desidia esperándonos con el mate frío y lavado. No te voy a andar diciendo, entonces, que la mansión es infinita. Por que lo sabés o lo intuís. Y si llega ese momento, en el descanso de la escalera que lleva al piso de arriba, en que ya estás cansado, en que no te dan más los pies, o las manos o la cabeza, cuando mires abajo vas a ver miles de escalones. Eso es lo único que debería impulsarte a creer. O a querer creer, que es casi lo mismo, pero más primitivo y visceral. La sordidez quizás no esté en el pasillo del subte, sino adentro del ojo. Pero viste lo hijo de puta que es el paisaje. Nos transforma y nosotros lo transformamos. Puro espejo son las paredes de la mansión. Y el sótano amenazador de oscuridad y humedades parece tenebroso. Y creemos que llegar a habitar ese lugar será la muerte. Hasta que descubrimos que allí está la bodega. Allí están los secretos. Nuestro lugar oscuro y sólo de nosotros. A veces, y dejame que insista con lo mismo, nada es lo que parece. Y te lo digo, más que nada, para convencerme. Porque a mi también me gustaría que alguien me tire una soga de palabras Siguen llegando regalos a mi mesa. Un vino con amigos excéntricos . Un poco de baile en exceso. Una pasada de rosca en la oficina, con planillas y números y esas cosas que tanto odiábamos y que hoy no tanto ( pero si un poquito) Un ojo negro que me mira y mira Un portacosas, regalo de mi jefa Un baño caliente al llegar al ¿hogar? Una amiga que pregunta, apenas al llegar, ¿cogiste? y antes de que una acepte o niegue, diga: yo sí, un montón. Que lindo, no? Un plato de comida vegetariana, naturista y krishna Un té de canela para el dolor de panza Una noticia chota. Una noticia buena. Una invitación a juntarnos a comer, uno de estos días. Una voz nueva que dice Te quiero mucho Un ojo negro que miro. De gusto, porque se que es gastar pólvora en chimangos, pero así soy, derrochona en miradas Un mate esperando Un silencio que se impone Una risa, de lejos Lindo día, no? "La persona a la que quieres y la persona que te quiere nunca son la misma persona " Chuck Palahniuk , Montruos Invisibles El amor nunca es causal. Ayer Maru me decía que uno recibe en la medida en la que da. Y no es así. Menos aún en la medida en la que desea. Esa mierda de las películas de disney nos enseñó a creer que si eres bueno y lo deseas profundamente, todos tus sueños se hacen realidad. Basura Pila, toneladas de bosta ideológica. El amor correspondido es fruto de la casualidad absoluta. El encuentro quizás sea sincrónico, pero toda justificación sobra. Nada sucede a partir del mero deseo. Y a veces, la acción que sigue al deseo tampoco funciona. ¿que resta entonces?¿esperar cruzada de brazos a que el universo se ponga las pilas? ¿odiar a los hombres, los teléfonos, los mails, los blogs ajenos, las mujeres que no somos? No creo que nada de eso lleve a alguna solución Lo único que nos queda es creer. El viejo y estúpido argumento de la fe. O querer creer, para aquellos tan descreídos como una. Entonces: quiero creer que el amor llegará corriendo. Y no sos vos, aunque quisiera. Es otro mucho mejor, Quizás más interesante, más inteligente. No sé si con más pelo, pero sí con más mañas. Que ame estar en mi mundo. Con más ganas de la felicidad compartida que vos. Con ganas de verdad de empezar a construir de a dos, y no de pelearse con el mundo solito y su alma. Quiero creer. Quiero empezar a creer Las despedidas se disfrazan de muchas cosas a la hora de actuarse. A veces es un enojo, una pelea casi sin sentido, para no mirarse a la cara y decirse que nos hemos de extrañar. Otras es un beso muy húmedo y repetido, pero igual de deseable, en la oscuridad de las cosas, ahí donde nadie más sabe ( ni debería saber) Puede ser una mirada fija, brillante, un labio mordido, una cara de "no lo puedo creer todavía"... Una comida casera. Una canción para vos en la radio. Un apretón más efusivo en el hombro en el momento del abrazo. Una despedida pueden ser muchas cosas. Y siempre son cosas para los dos que estamos ahí, en el ojo de esa tormenta personal. Pero una bienvenida es algo que crepita adentro. Es que los ojos se descubran nuevos mirando ese paisaje. Es el viento de cambio en la cara, hasta el estallido. Estan íntimo, tan personal, tan profundo... Y lo mejor de las bien venidas, es cuando alguien más allá de tu piel, te dice, de alguna manera, que es otra alegría que hayas llegado allí. Vamos allá Las historias han sido escritas tantas veces, el pizarrón se ha borrado tanto, que ya perdió su color oscuro original. Ahora es gris tiza. Y la única forma de marcar algo en el es mojándose el dedo y anotar así, con saliva, con huellas digitales. Saco la lengua y mojo mi dedo índice derecho… La mansión ya estaba condenada. Sin luz eléctrica ni habitantes. Nos encontramos ahí porque, a pesar del abandono, seguía siendo el punto de encuentro o refugio para situaciones como estas y personas como nosotros. Ya me habías advertido sobre asuntos pendientes. Y yo, en el colmo de la discreción, apenas había pronunciado mi escote. Ese domingo la remera que debio pertenecer a mi hermano era un muro gaudiano entre las pieles de cada uno. Como un obsequio antropomórfico de una navidad anticipada, estabas casi sentado en lo que alguna vez se usó de sillón. Todo fue una charla, un repaso de imágenes. Te fuiste yendo, diciendo lo de siempre, en el mismo tono. Y al borde de la escalera tuve que agarrarte de la nuca. Era demasiado tiempo de espera, y la casa así no me iba a dejar esperar más. Pero te ibas. Y amagamos escondernos en lo oscuro, aunque afuera todavía quedaba un resto de sol. Te ibas, te tenías que ir. El pasillo ese de la derecha fue el borde del negativo de mi forma. Te fuiste. Y cuando quince minutos más tarde oí la escalera anunciandote, sonreí en la cama. La luz que quedaba era la de las velas en el baño. Cuando el sudor ya era certeza, supe que las ansias venían desde un lugar extraño en mi tiempo y en el tuyo. Imágenes del club de caza y pesca en la semana de la primavera, el pelo largo, un recital, la lectura de un cuento, mis jeans gastados, tu voz tangible... Hacía apenas un par de días que Kurt Cobain no existía, y uno de los tuyos tenía una remera de Nirvana. De vuelta al tiempo de lo real, te dije que yo también, que desde el siglo pasado estaba enroscada en esa esfera de hambre. No se si eso es del todo real. Pero no es irreal para nada. Después de todo nos reímos, mucho. Hiciste bromas sobre el café inexistente. Me peiné frente al espejo en la oscuridad. A la altura de atarse los cordones de la zapatilla derecha, te acercaste y me besaste. Me tomaste el mentón con las manos, giraste mi cara, te agachaste y me besaste. Al borde de la escalera, nos abrazamos para siempre. Hoy te crucé por la calle. Y ya no eras el mismo. Yo tampoco. Al lado de un gordo, me siento flaca. Al lado de un flaco, me siento gorda. Al lado de un alto, me siento petisa. Al lado de uno EXACTAMENTE IGUAL A MI DE ALTURA, me siento gigante Esto de tener complejo de altura, me tiene el cuello a la miseria El ángulo es menor cuanto mayor es el consumo de cannabis Tomar el té, un domingo con frío, en la Confitería Las Violetas... Caminar por una exposición de diseño, en Palermo.... Hablar, hablar, hablar Esos ojos ahí, atras de los vidrios, pero bien cerca... el gorrito de colores, el tatuaje en la muñeca, las zapatillas, los fetiches de siempre El beso de la despedida La promesa de la próxima cita... Ya me puse a pintar Se levantó el paro Churrasquito con Coca para todos. Por ahora, invito yo En las góndolas y los huesos vacíos de leche En el olor a humo que viene desde allá En el vaciado sistemático de la Mansión Inevitable En los ojos verdes o marrones de Pablos En la competencia porque sí los sábados a la noche En la cerveza negra En la campera roja En el shampoo de menta En la eterna casa ajena en la que habito En el teclado de la computadora, tan gastado En la panza de Günter En los huesitos de Amapola En las patas viejas de Darwin En las risas esas, de ellos Mansioneros En el miedo absoluto a lo que me espera, y sin embargo... En el agua sucia En las últimas albahacas En eso encuentro el otoño Te busco, Muerte detrás de cada hoja que se cae te encuentro debajo del aliento del adiós en la cama del domingo te encuentro en el blanco que corta lo negro en cada persona que no quiero en toda sangre que no soy Y buscándote veo que estás en todas partes por eso ya no te busco me encuentro, Muerte “Cuando no entiendes algo puedes hacer que signifique cualquier cosa” Chuck Palahniuk, Diario, una novela Imaginate estar rodeado por mujeres intocables. Kurt Vonnegut dice en su nouvelle “Cuna de Gato” que cuando la vida de ciertas personas se enredan en la tuya sin causa aparente, pero tejiendo una red para que las cosas se desarrollen de la manera en que lo hacen, esas personas forman parte de tu karass. “Nosotros, los bokononistas, creemos que la humanidad se organiza en equipos,Equipos que hacen la Voluntad Divina, sin descubrir jamás qué es lo que hacen. Bokonon llama karass a tales equipos…«Si ves que tu vida se complica con la vida de otra persona por motivos no muy lógicos -escribe Bokonon-, puede que esa persona sea un miembro de tu karass.» No se si vos sos parte del mío o yo del tuyo Cuando los hombres dicen que las mujeres somos todas iguales, hay algo en lo que no mienten. Somos cíclicas. Animales regidos por la luna, las mareas, las hormonas. Los olores. Cuando un grupo de mujeres viven juntas, o se ven constantemente, es muy probable que sus ciclos menstruales coincidan. Al principio cada una tiene el suyo, pero lentamente uno se atrasa, otro se adelanta y terminan menstruando casi el mismo día. Tragedia en las familias de muchas mujeres: las toallitas y los tampones desaparecen todos al mismo tiempo. Esto es por culpa de las feromonas. Hormonas que huelen. Y que no nos damos cuenta que están ahí, en el aire que nos rodea. Pero lanzamos al aire todo el tiempo. Nos olemos entre nosotras y nos sincronizamos. Esta es la explicación lógica al enredo con la vida de otras mujeres. Intocables. A veces locas. Totalmente deseables. Dependiendo ya de cada una, el síndrome premenstrual puede variar desde una obsesión por la limpieza, una extrema sensibilidad, un malhumor de perros, una dulce tendencia al homicidio o al suicidio, o un apetito sexual insaciable. Es comprensible que en las familias con más de una hija mujer, la supervivencia emocional masculina sea algo de todos los meses. Y si sos el hijo del medio, estás bombardeado hormonalmente en estéreo. Otra cosa que sucede en cada ciclo menstrual, es que las feromonas también están muy activas durante la ovulación. Por eso es común que, respondiendo al pedido de sexo que exudamos inconcientemente en esos días, los hombres que nos rodean sientan también más deseos sexuales. Otoño y primavera son trágicos si una no quiere tener hijos. La mayor actividad de los espermatozoides es en estas épocas del año. Imaginate estar rodeado por mujeres intocables. La prohibición del incesto pesa en todas las culturas. Regidos o no por la Biblia, la mayoría de las personas no niega el terror o el asco que le supondría tener sexo con alguien de su familia primaria. Pero somos seres sexuales. Entonces nos metemos en extraños caminos para satisfacer el deseo. Lo disfrazamos de amor, de dolor, de despecho, o de deseo de muerte La trama se complica cuando descubrís a los 28 años que la mujer con la que tanto te gustó acostarte la semana pasada es la ex novia de tu actual cuñado, el novio de la menor. Y ni hablar cuando ella, sin saber o sabiendo (nunca podrás descubrir el nivel de suspicacia de algunas mujeres) te cuenta como al pasar que el marido de tu hermana mayor fue el primer hombre que la besó en la boca. Y que además, se histeriquearon toda la adolescencia. Estás besando su boca carnosa. Estás en el lugar exacto en que han estado tus cuñados. Las parejas de tus hermanas. Estás mezclándote en su mente con esos recuerdos. Ella te asocia a ellos o no. Nunca vas a darte cuenta. Ella es actriz. Y encima se deja guiar por sus hormonas. Te mira los ojos y sabe que compartís los genes que los forman con la mayor y la menor de tus hermanas. ¿Es ella la que quiere recuperar los antiguos contactos con esas pieles que en algún momento le pertenecieron? ¿O sos vos el que muy indirectamente está cometiendo incesto? En ese caso, imaginate estar rodeado por mujeres intocables. Y mientras vos, en tu ingenuidad o tu perverso conocimiento de las cosas (no creas que a ella no se le pasó por la mente que tus cuñados te la hayan “recomendado”, pero es un pensamiento fruto del amor propio, de su alma de diva) vas dejando olores que ella confunde con los de tu familia política, el mundo sigue girando ahí afuera. Los ciclos de la luna. El karass. El pueblo, tan chico. El infierno tan grande. Y el cielo también. Exactamente en el momento en que las mujeres intocables se convierten en tangibles. |