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Guonderlan

Invierno

El barrio se torna un lugar extraño cuando es invierno y los chicos están de vacaciones.
Apenas se viste de un par más de colores, más allá del gris y el marrón, pero eso basta para que el paisaje cambie y se haga más bello.
No dan ganas de salir a la calle, por que hace frío,aunque algo nos impulse a atravesar la puerta y a bailar un poquito en las veredas, no sé si para pelearle al clima o de puro valientes.
Mirando pasar la tarde por mi ventana, pienso en el frío, y en los otros fríos que me golpean por los rincones: en ese amor que no es, en esa carta que se perdió, en los cercanos que están lejos, en las fiestas que quedaron sin festejar...
Entonces me levanto y voy hasta la leñera. Y tiro un leño al fuego del hogar para calentar la casa.
Y busco uno para mi frío.
Pero la leñera de tus ojos está lejos.

De paso ( ser o no ser?)

Desconcertando las pocas hojas que dejó el otoño, te acercaste caminando por el medio de la calle.
En la puerta de mi casa te paraste a despertarme a golpes de películas inconclusas.
Y abriste la puertita de los deseos, que tengo en el patio.
Los vecinos no entendían cómo alguien tan hermoso podía hacer tanto ruido.
Sonreías, y se escapaban tantas cosas de mí...O mejor dicho, salían a la calle y se mostraban
Y me desarmé como si fuera de piedritas dulces, solamente unidas por viento.
Yo tampoco, como los vecinos, entendía tu belleza.
Y tampoco entiendo por qué hiciste todo esto, y me dejaste la vereda llena de colores.
Y yo tan triste, sabiendo que no, que no estás conmigo.

Otro

Nadie me despertaba los ojos y los dedos de esta manera como uno de ustedes, hace rato.
Son muchos los que andan dando vueltas.
Pero vos, el de los ojos de mate en la tarde de frío, el de la mano en el cuello a la hora del saludo, vos lo hiciste.
A pesar de que anoche soñé tupidamente con el de los ojos de hielo, eso no me modificó.
Y eso quiere decir algo.
Me voy al parque a caminar las hojas secas.
Quizás te encuentre

Nada duele tanto como ésta realidad

Estabas triste, muy triste. Y en un edificio feo, muy gris.
Nos perdíamos por las escaleras de incendios. Y te negabas a hablar.
Entrábamos, por una puerta igual de gris, a una habitación casi victoriana: paredes rojas, tapices, alfombras, un hogar encendido. El perfecto contraste con lo que nos rodeaba.
Y ahí, contra la pared cálida de un rincón, y desde tu tristeza , me decías: te amo.
Me lo creí, te juro que me lo creí.
Te contesté que yo también, y mientras nos besábamos pra afirmarlo, me pregunté porqué estarías tan triste.
Y me di cuenta que la que estaba triste era yo, no sé si por creerme esa mentira, que hace mucho ya que no escucho, o por darme cuenta que la que me miento todo el tiempo, soy yo

Recorrido nocturno

De noche, el aire se espesa. Tanto, que se puede bucear en él, con el equipo apropiado.
Las casas tiene dos pisos, y balcones con geranios .
Y todo se compra y se vende con pesos uruguayos.
El almacenero de la esquina, vende chupetines rosados y verdes, y te da de yapa Palos de Indio, unos caramelos largos y ácidos.
Sigue sin haber autos en las calles, y los gato se adueñan de cada rincón.
No sé si hay luna esta noche. Pero algo brilla en mí.

Cada día que pasa, estoy peor

Era amiga de Natalia Oreiro. Y vivía en casa de Los Simpson!
Tengo que consultar o un psicólogo, o una bruja

Perfumes y olores (robandome a mi misma)

Esto alguna vez lo publiqué en La Mansión ( si quiern saber qué es, vayan a Gente del barrio, y métanse en el enlace)
Me autorrobé esto, pero sólo porque vale la pena

Todas las casas tiene un olor particular, que las define, que nos
enseña qué cosas encierra, qué se cocina, y como viven sus
ocupantes
La Mansión huele a fresias, a tabaco dulce, a café, a naranjas y
mandarinas, a canela, a jazmines y junquillos, a sopa recién hecha,
a flores podridas en penumbra, a pasto cortado, a frío, a sudor de
fútbol, a cocimiento de cervecería (si no conocen ese olor les
sugiero que caminen por las calles de Quilmes los jueves a la tarde).
Huele también a libros viejos, a jabón limpio (hay jabones que no
huelen así), a puerto de mañana, a finales de asado, a maderitas
húmedas quemandose, a leche hirviendo, a cebolla y ajo en la cocina
y en las manos, a lluvia de verano, a madreselvas, a hombre besado
(les recomiendo que busquen ese perfume. No hay otro igual), a
velas de miel, a viento del mar, a mate de mañana, a resto de
lavandina en los dedos, a vino derramado, a laurel crujiente, a
cerveza de la noche anterior, a eucaliptus en la siesta, a sexo
apenas añejado, a humedad de teatro abandonado, y a mujer danzando.
Se recomienda entrar a la casa con la naríz destapada y espectante.
Que lo disfruten

Reciprocidad

Me rodeo de amor. No del amor romántico que desearía, pero me siento amada, desde ángulos extraños y casi imposibles.
Baja el amor por escaleras escherianas.
Me envuelve y me abriga.
Me limpia la cara
LLega desde el norte. Y desde el oeste también.
Me canta en los balcones que no tengo.
Y me prepara guisitos para comer.
Me aman. Y me doy cuenta.
Y yo no puedo dejar de amar

Cabecita loca

No puedo.
Por más que hago todas las fuerzas posibles, es improbable que te abandone.
Sé perfectamente que no me hace bien tenerte en mi cabeza. No es sano que seas tan profundamente parte de mí, y que ni siquiera lo sepas.
Y dudo eternamente en decírtelo ( y así tener que alejarme de vos, por las razones de tu miedo) o callarme y disfrutarte la amistad, o lo que sea esto, mientras dure.
Cefalea, dijo el doctor.
Yo diagnostico tu nombre.
Me duele la mente, no el cráneo.
Y sos vos. No hay caso
La próxima vez que te vea, te pido una aspirina

Casa Grande

Mi casa se transforma. Se convierte en todas las casas en las que alguna vez viví.
Pero no me pierdo, sino que sé exactamente cuando, al doblar por un pasillo, estoy en la casa de 66, o en San Telmo, o cuando una puerta me deja exactamente en el borde del patio del 9.
Tengo en la boca como un sabor de sal húmeda, que no me deja pensar en otra cosa. Y esa otra cosa son los rulos de tu cabeza, que se esfuman detrás de un marco de puerta blanca, como la del living de la casa de mi abuela, la de Quilmes.
Los persigo,pero ya no es la cocina esa, sino que es la habitación esa en que nos encontramos esa noche, no con vos, pero sí con otro que bien podrías haber sido vos, aunque no tenía tu perfume.
Me distraigo tratando de escapar de una mariposa atroz que se viene encima mío, y al doblar por esa esquina, me choco con vos, que me decís:no estás cansada de todo esto?
No me dejás ni contestarte, y me besás.
Cuando abro los ojos, estoy cerca de las vías. Y tu tren se va.
Pero no importa.
Me gusta el sabor de tu saliva y el olor del tren.

Joder!

Noches sin dormir. Y un insistente dolor de cabeza en el lado derecho, que se ocupa que mi ojo no vea lo que se tiene que ver.
No funciona mi cáscara (léase cuerpo) como corresponde.
Aunque a veces, este pequeño terremoto que sacude mis huesos, sea algo más cercano a una nausea existencial, a la certeza fatal de que no soy lo que debo o quiero, que es peor.
No hay caso.
No me puedo sacudir los sueños de cada noche. Se me pegan a la piel Y SON INSACABLES.
Menos antes de ayer. Pero claro, pagué caro los platos.
Regalé mi sueño. O sea, me concentré en no acordarme del sueño, en regalárselo a él ( con la condición de que soñara conmigo)
Y así fue. Yo no soñé.
Pero tampoco dormí
Pensando en él, claro

Después del baño

Te decía que si no te bañabas, nadie iba a querer hacer el amor con vos. Me preguntabas cómo podía yo saberlo.
Yo te daba mis garantías.
Entonces, ibas al baño, y volvías rápido, apenas húmedo y con el pelo seco. Y seguías oliendo mal.
Entonces, enojada, te mandaba de vuelta a bañarte, con la misma excusa. Y vos me contestabas que no tenías ninguna certeza de que así fuera.
Y, para refutarte tu cabezadurismo, te decía que si te bañabas, yo misma iba a hacer el amor con vos.
Entonces volvías, no sólo limpio y perfumado, sino que con un smoking (descalzo, eso sí)
Y nos íbamos a la habitación y me empezabas a sacar la ropa, y yo a vos.
Y dulcemente lamía tus pies.
Y de golpe, me dí cuenta, que estaba soñando.
Pero no me desperté. Lo peor fue eso.
Seguí en esa habitación, pero sola. Vos te desvaneciste.
Y yo tan desnuda y sin tus pies

No hagan olas

Otra noche en tu compañía. Noches enteras en que no te despegás de mí. Y no lo sabés.
Esto de que aparezca nueva gente en tus sueños, y que lo trates de explicar, no es simple.
Anoche, en realidad, no apareciste. En tu lugar, o en el lugar de tantos otros, apareció el hombre del pasado. Y olas gigantes.
Ayer le contaba a mis amigas nuevas que mis temores viejos, durante el viaje por Oniria, son las olas gigantes en un mar embrabecido, cruel.
Y anoche, casi casi por sólo conjurarlas, aparecieron.
Hacía mucho que no las veía. Y las pude manejar mejor.
Eran de color verdoso, como aceituna. Y olían exactamente a aceitunas. Era un gigante mar de salmuera, que atravesaba la porosidad de ventanales vidriados, y no los rompía.
Y yo casi no temía.
Pero, lo desconcertante, era el sabor a lágrimas que te dejaba la ola cuando se iba

Tacto teatral

Empecé, hace ya dos semanas, mis clases de teatro. La carrera de formación actoral, debería decir.
Está muy bien.
Sobre todo el hecho de trabajar sobre uno, y con uno.
Y con los demás. Por ejemplo, ya nos empezamos a tocar
Y eso nunca deja de ser bueno

Más pelos

Me corté los pelos.
Y me queda bien.
Con un amigo dsicutíamos sobre esa bendita costumbre que tenemos las mujeres para cambiar la cabeza de afuera hacia adentro ( o sea, cortarse, teñirse, enrularse, plancharse o lo que sea, y después ponerse a pensar), pero lo mío es al revés. Mis ideas ya cambiaron
Este corte de pelo es un corte de situación.

A la deriva

Demasiada conciencia de la existencia hace que todo de vueltas.
Esta mañana me desperté muy asustada, con una puntada muy fuerte en la cabeza.
Tuve la firme sensación de que me iba a morir, y para contrarrestarla, me metí en la ducha.
Necesito tener un ancla, porque esto de seguir a la deriva, no es para mi. No ahora.
Todo parece un mar inmenso, y solitario.
Y sólo es una laguna

¿Alguien me haría un masajito?

Cuatro horas sentada en el piso escucahndo un par de clases
Todo se aplasta. Y duele

Carta

Uno de mis peces ( o mis aves?) me escribió en una carta:
"De todas maneras,ya encontrarás al hombre que estás esperando,
no desesperes.A veces las cosas suceden en tiempos
diferentes a los que deseamos.Presumo que todavía no
conocí a la mujer que me fue destinada, y sin
embargo...espero."

Todo muy bien. Todo muy lindo
El primer problema es que él no sabe que ya llegó.
Y el segundo que, quizás, sea él

Puertas que se abren y se cierran

La puerta que me llevaba al mar se cerró. Por más que busco, no la encuentro. Y el barrio volvió a ser casi el mismo de siempre, solitario y perdido en el medio de la inmensidad pampeana.
Pero no es igual, algo cambió. Hay caracolitos en el borde de algunas veredas, y todavía sale arena de mis ropas todas las noches.
Lejos del mar, aún siento su perfume en la piel. El viento que creo que viene de allá me trae un recuerdo extraño, como de frío dulce, en medio de este excesivo y desubicado calor de otoño.
Es muy complicado no saber adónde está viviendo una. Porque las confusiones pueden ser tremendas. Las calles, a pesar de tener siempre los mismos nombres, se ven diferentes. Y ya no tiene que ver con los colores y texturas, ni siquiera con los olores que las adornan, sino con algo nuevo en mí. No es esa sensación de lente roto, de imagen quebrada, que a veces nos envuelve. Pero tiene que ver con otro mirar.
Tomo distancia de las cosas con las manos, como cuando formaba fila en la escuela primaria, y miro con un solo ojo, y giro sobre mí misma, pero no logro darme cuenta.
Ato fuertemente los tres hilos que me pertenecen, pero son tan etéreos que se deslizan y escapan, o se deshacen antes o después del nudo.
Todas las letras que encuentro en los hombres forman las iniciales de su nombre, del de la exiliada por propia voluntad, de la única viajera como la gente que dio el barrio.
Debo centrarme, pero no sé cómo.
Mi cabeza da vueltas y vueltas, pero a mí siempre me gustó andar en calesita.

Tres orillas

Confusiones, otra vez. Tras que éramos pocos en mi cabeza, ahora aparece uno más. Y no está nada mal. Y tenemos eso que la gente llama química, o piel , o lo que sea. O quizás sea necesidad y falta de costumbre de estar con otra persona.
Y el problema no es ese, sino que, además, es un muy buen hombre, y eso a veces complica la huída (si, hablo de huída porque tengo miedos, obvio)
Pero no quiero huir. No voy a hacerlo.
Me voy a meter en el agua, y voy a dejar que la corriente me lleve.
El mío es el único río con tres orillas