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Gente del barrio
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2004.
Uno de mis peces ( o mis aves?) me escribió en una carta: "De todas maneras,ya encontrarás al hombre que estás esperando, no desesperes.A veces las cosas suceden en tiempos diferentes a los que deseamos.Presumo que todavía no conocí a la mujer que me fue destinada, y sin embargo...espero."
Todo muy bien. Todo muy lindo El primer problema es que él no sabe que ya llegó. Y el segundo que, quizás, sea él Cuatro horas sentada en el piso escucahndo un par de clases Todo se aplasta. Y duele Demasiada conciencia de la existencia hace que todo de vueltas. Esta mañana me desperté muy asustada, con una puntada muy fuerte en la cabeza. Tuve la firme sensación de que me iba a morir, y para contrarrestarla, me metí en la ducha. Necesito tener un ancla, porque esto de seguir a la deriva, no es para mi. No ahora. Todo parece un mar inmenso, y solitario. Y sólo es una laguna Me corté los pelos. Y me queda bien. Con un amigo dsicutíamos sobre esa bendita costumbre que tenemos las mujeres para cambiar la cabeza de afuera hacia adentro ( o sea, cortarse, teñirse, enrularse, plancharse o lo que sea, y después ponerse a pensar), pero lo mío es al revés. Mis ideas ya cambiaron Este corte de pelo es un corte de situación. Empecé, hace ya dos semanas, mis clases de teatro. La carrera de formación actoral, debería decir. Está muy bien. Sobre todo el hecho de trabajar sobre uno, y con uno. Y con los demás. Por ejemplo, ya nos empezamos a tocar Y eso nunca deja de ser bueno Otra noche en tu compañía. Noches enteras en que no te despegás de mí. Y no lo sabés. Esto de que aparezca nueva gente en tus sueños, y que lo trates de explicar, no es simple. Anoche, en realidad, no apareciste. En tu lugar, o en el lugar de tantos otros, apareció el hombre del pasado. Y olas gigantes. Ayer le contaba a mis amigas nuevas que mis temores viejos, durante el viaje por Oniria, son las olas gigantes en un mar embrabecido, cruel. Y anoche, casi casi por sólo conjurarlas, aparecieron. Hacía mucho que no las veía. Y las pude manejar mejor. Eran de color verdoso, como aceituna. Y olían exactamente a aceitunas. Era un gigante mar de salmuera, que atravesaba la porosidad de ventanales vidriados, y no los rompía. Y yo casi no temía. Pero, lo desconcertante, era el sabor a lágrimas que te dejaba la ola cuando se iba
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