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Gente del barrio
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004.
Hace ya tiempo que tengo que lamer tu piel de madrugada, y no te encuentro el olor que te reclamo. Se que sos vos, de piel canela y barro en la frente, pero no te reconozco porque no te huelo. Te tengo que construir desde el tacto, o el sonido, o la mirada. Y yo, tan acostumbrada a los perfumes, no me encuentro en vos tampoco. Atados a las sillas, abrazados en el piso, de pie, junto a la orilla... El aire está distinto. Quizás tu perfume es tan inmenso, que ya lo abarca todo y nos envuelve. Quizás el tilo de las calles sos vos, que estás presente. A la gente del barrio, a veces le pasan cosas así, como las que que cuenta OlafTerminé mi año en la escuela de teatro. Aprobé el final, arriba de una balsa. A punto de ser arrastrada por un río desbordado ,en una embarcación que era un pizarrón dado vuelta, con una compañera que un rato antes había estado a punto de desfallecer de hambre y ahora llamaba su hermana perdida, con lluvia en mi cabeza que había salido de una botella de agua, con mi bote robado, con la desesperación y la certeza de que iba a morir si no salía de ahí, con camalotes rodeandonos, y todo esto en una habitación de 4 por 10, frente a compañeros y profesores, el título es de lo más jutificado Quiero ver YA esta película Muy poco saben que uno de los mansioneros más ilustres que habitan esta casa es un viejo de barba blanca, que sólo trabaja por esta fecha. Sí, claro que la obviedad sería decir con voz infantil y emocionada ¡Papá Noel!. Pero no. Este hombre se llama Don Nicolás. Un día, tomando mate en el balcón del oeste, el que mira a la ciudad, me contó su historia. El vivía en la patagonia ( no especificó dónde, pero por la descripción del paisaje, creo que en la zona costera de Chubut) con su mujer y su campito. Criando ovejas, tallando maderitas y huesos, andando caminos en sulky, con Roberto, su caballo , y Sultán, su perro. Un día tuvo una Revelación. Cerca de navidad estaba llevando al pueblo unas bolsas llenas de la lana recién esquilada, y en el medio de esa nada inmensa que es la patagonia, se encontró con una familia, madre, padre y niño, que le pidieron ayuda para llegar al próximo poblado. Se veían, si eso era posible, más pobres que el mismo Don Nicolás. Ya en el sulky, le contaron que estaban buscando un buen lugar para poder establecerse, empezar de nuevo, y criar a Juancito, que tenía 5 años, y que querían que fuera a la escuela, no como ellos, que nunca pudieron aprender más cosas que aquellas que el tiempo y el camino recorrido les fue dando. Le contaron, también, que venían de muy lejos, tanto que ni sabían. Don Nicolás nunca supo si le hablaron del tiempo o el espacio. Los ayudó a buscar un lugar adonde quedarse ( Don Gaspar, el turco, les dio una pieza y lo contrató a Pepe para que lo ayudara en el mercadito) Y se despidió de ellos entre augurios de éxitos y y bendiciones ,de ambas partes. A Juancito, por su futuro y próximo cumpleaños, le regaló un guanaco tallado en madera. Nunca vió un brillo tan maravilloso como el de los ojos del chico, me dijo. Un tiempo más tarde, y de vuelta en le pueblo, fue al mercado de Don Gaspar a comprar yerba y otras cosas, y le preguntó por la familia. El turco le contó que hacía dos semanas que habían desaparecido. Se fueron en la noche, sin llevarse más que lo puesto, y sin dejar ni una nota. Don Nicolás se preocupó mucho. Don Gaspar hizo extrañas suposiciones, en base a lo poco que le contaron de sus vidad. Parece que se venían escapando de un "pesado" que se las tenía jurada, quién sabe por qué asuntos. Y le dió a Don Nicolás, mientras se despedían, el guanaquito de madera que él le había regalado a Juancito. Miró la talla, recordando esos ojos brillante y alegres, al viejo se le piantó un lagrimón. Y, mientras volvía al rancho con Roberto y Sultán, no pudo dejar de pensar en eso. La esperanza que emanaba de esa pobre familia se podía palpar. Le grabaron una sonrisa en su cara arrugada. Y ya no estaban. Se dedicó durante todo el año, en sus ratos libres, a tallar animalitos, a construir juguetes, a ayudarla a Matilde, su mujer, a hilar la lana y tejer muñequitas, a comerciar con sus amigos tehuelches algunas de sus artesanías a cambio de lanas y changas. Todo para ir, cerca de Navidad, al pueblito y tratar de encontrar en los ojos de esos otros chicos, los de Juancito. Todo por ver la alegría en las caras de los hijos que nunca tuvo. Y fue felíz, porque la encontró. Durante años realizó su "ritual navideño". Y cuando Matilde murió, cargó el sulky con sus bolsas de arpillera llenas de sus cosas, y con Roberto y Sultán emprendió el camino hacia las pampas. Alguien le había contado de una casa grande, en una isla lagunera, que albergaba a seres tan melancólicos y felices como él. Y con ocupaciones tan extrañas como la suya. Así llegó a la Mansión una tardecita de verano. Ya ni me acuerdo cuántos años hace que está acá. Con los restos del mate en la siesta, y tratando de no ser impertinente, le pregunté de dónde sacaba ahora los regalos que, inevitablemente, seguía repartiendo ( cerca de fin de año carga el sulky con sus bolsas de arpillera gastada, lo llama a Roberto con un silbido al que también responde Sultán, y se van los tres, como cantando, por el camino) Y sonriendo entre sus arrugas y su boina, estirándose las piernas de su bombacha de campo bataraza, me dijo: Pero mujer! No viste que no tengo, materialmente, nada? No te fijaste que las manos no me dan más para tallar con precisión las maderitas? Pero- le repliqué- las bolsas salen llenas, gorditas, cargadas. Y parecen muy pesadas. Claro, piba- me contestó- Si van llenas de Esperanza.
Espero, sinceramente y de todo corazón, que Don Nicolás pase por su casa ( que es La Casa, obvio) Y que su dulce carga caiga a raudales sobre sus almitas Madame Lauquen  ¿Qué le pidieron a papanuel? De vuelta en casa, pero sin las caras de siempre para pasar los festejos acostumbrados, brindando a las 12 como si fuese añonuevo, pero siendo Navidad; sin regalos ( sólo de mi abuela, que como muchas abuelas les preocupa eso mucho) pero con mucha alegría extraña que sale de un lugar que no recordaba tener Que lindo es eso de descubrirse así.
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