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Gente del barrio
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2004.
Te decía que si no te bañabas, nadie iba a querer hacer el amor con vos. Me preguntabas cómo podía yo saberlo. Yo te daba mis garantías. Entonces, ibas al baño, y volvías rápido, apenas húmedo y con el pelo seco. Y seguías oliendo mal. Entonces, enojada, te mandaba de vuelta a bañarte, con la misma excusa. Y vos me contestabas que no tenías ninguna certeza de que así fuera. Y, para refutarte tu cabezadurismo, te decía que si te bañabas, yo misma iba a hacer el amor con vos. Entonces volvías, no sólo limpio y perfumado, sino que con un smoking (descalzo, eso sí) Y nos íbamos a la habitación y me empezabas a sacar la ropa, y yo a vos. Y dulcemente lamía tus pies. Y de golpe, me dí cuenta, que estaba soñando. Pero no me desperté. Lo peor fue eso. Seguí en esa habitación, pero sola. Vos te desvaneciste. Y yo tan desnuda y sin tus pies Noches sin dormir. Y un insistente dolor de cabeza en el lado derecho, que se ocupa que mi ojo no vea lo que se tiene que ver. No funciona mi cáscara (léase cuerpo) como corresponde. Aunque a veces, este pequeño terremoto que sacude mis huesos, sea algo más cercano a una nausea existencial, a la certeza fatal de que no soy lo que debo o quiero, que es peor. No hay caso. No me puedo sacudir los sueños de cada noche. Se me pegan a la piel Y SON INSACABLES. Menos antes de ayer. Pero claro, pagué caro los platos. Regalé mi sueño. O sea, me concentré en no acordarme del sueño, en regalárselo a él ( con la condición de que soñara conmigo) Y así fue. Yo no soñé. Pero tampoco dormí Pensando en él, claro Mi casa se transforma. Se convierte en todas las casas en las que alguna vez viví. Pero no me pierdo, sino que sé exactamente cuando, al doblar por un pasillo, estoy en la casa de 66, o en San Telmo, o cuando una puerta me deja exactamente en el borde del patio del 9. Tengo en la boca como un sabor de sal húmeda, que no me deja pensar en otra cosa. Y esa otra cosa son los rulos de tu cabeza, que se esfuman detrás de un marco de puerta blanca, como la del living de la casa de mi abuela, la de Quilmes. Los persigo,pero ya no es la cocina esa, sino que es la habitación esa en que nos encontramos esa noche, no con vos, pero sí con otro que bien podrías haber sido vos, aunque no tenía tu perfume. Me distraigo tratando de escapar de una mariposa atroz que se viene encima mío, y al doblar por esa esquina, me choco con vos, que me decís:no estás cansada de todo esto? No me dejás ni contestarte, y me besás. Cuando abro los ojos, estoy cerca de las vías. Y tu tren se va. Pero no importa. Me gusta el sabor de tu saliva y el olor del tren. No puedo. Por más que hago todas las fuerzas posibles, es improbable que te abandone. Sé perfectamente que no me hace bien tenerte en mi cabeza. No es sano que seas tan profundamente parte de mí, y que ni siquiera lo sepas. Y dudo eternamente en decírtelo ( y así tener que alejarme de vos, por las razones de tu miedo) o callarme y disfrutarte la amistad, o lo que sea esto, mientras dure. Cefalea, dijo el doctor. Yo diagnostico tu nombre. Me duele la mente, no el cráneo. Y sos vos. No hay caso La próxima vez que te vea, te pido una aspirina Me rodeo de amor. No del amor romántico que desearía, pero me siento amada, desde ángulos extraños y casi imposibles. Baja el amor por escaleras escherianas. Me envuelve y me abriga. Me limpia la cara LLega desde el norte. Y desde el oeste también. Me canta en los balcones que no tengo. Y me prepara guisitos para comer. Me aman. Y me doy cuenta. Y yo no puedo dejar de amar Esto alguna vez lo publiqué en La Mansión ( si quiern saber qué es, vayan a Gente del barrio, y métanse en el enlace) Me autorrobé esto, pero sólo porque vale la pena
Todas las casas tiene un olor particular, que las define, que nos enseña qué cosas encierra, qué se cocina, y como viven sus ocupantes La Mansión huele a fresias, a tabaco dulce, a café, a naranjas y mandarinas, a canela, a jazmines y junquillos, a sopa recién hecha, a flores podridas en penumbra, a pasto cortado, a frío, a sudor de fútbol, a cocimiento de cervecería (si no conocen ese olor les sugiero que caminen por las calles de Quilmes los jueves a la tarde). Huele también a libros viejos, a jabón limpio (hay jabones que no huelen así), a puerto de mañana, a finales de asado, a maderitas húmedas quemandose, a leche hirviendo, a cebolla y ajo en la cocina y en las manos, a lluvia de verano, a madreselvas, a hombre besado (les recomiendo que busquen ese perfume. No hay otro igual), a velas de miel, a viento del mar, a mate de mañana, a resto de lavandina en los dedos, a vino derramado, a laurel crujiente, a cerveza de la noche anterior, a eucaliptus en la siesta, a sexo apenas añejado, a humedad de teatro abandonado, y a mujer danzando. Se recomienda entrar a la casa con la naríz destapada y espectante. Que lo disfruten Era amiga de Natalia Oreiro. Y vivía en casa de Los Simpson! Tengo que consultar o un psicólogo, o una bruja De noche, el aire se espesa. Tanto, que se puede bucear en él, con el equipo apropiado. Las casas tiene dos pisos, y balcones con geranios . Y todo se compra y se vende con pesos uruguayos. El almacenero de la esquina, vende chupetines rosados y verdes, y te da de yapa Palos de Indio, unos caramelos largos y ácidos. Sigue sin haber autos en las calles, y los gato se adueñan de cada rincón. No sé si hay luna esta noche. Pero algo brilla en mí.
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