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Gente del barrio
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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004.
Estoy al borde del viaje o de la fuga, todavía no los distingo bien. Pero el barrio me aprieta por los cinco costados, y quiero respirar. Buscaré asilo o consejo por otros lares. Y volveré con flores y caramelos para todos. Gelida luciérnaga adornada de yuyos sucios. No lo molestes más al ángel, que no puede volar. Ni siquiera se deja querer por mi. Mal de amores, dudas existenciales, amagos de besos con gente que no corresponde, sueños apocalipticos y perturbadores in extremis, obras de teatro con hombres en bolas, dos horas diarias de llanto, taza preferida rota, ni un centavo literalmente en los bolsillos, salsa merengue y rock and roll, caminar hasta quedarse sin piernas, ordenamiento abrupto de placares, cruce de Charly García y finalización del paquete de yerba. Iba a postear la más maravillosa carta de amor que he escrito, pero es algo muy íntimo como para ponerlo por acá, en este momento. Sobre todo teniendo en cuenta que el susodicho destinatario no tiene ni la más pálida idea de mis sentimientos e intenciones. Así que cuando todo esto se termine (porque todo termina), aparecerá. O no. Lo único que se puede decir, es que su existencia hizo que me quedara en La Plata, y su existencia, hace que me aleje. Me voy de esta ciudad cruzada: Guonderlan se muda de barrio, a otros barrios, a descubrir las calles que ya diré que me pertenecen No soporto el desamor. Ahora sé que es un viaje, una mudanza y quizás hasta una huída. Sé que suena egoísta, porque lo es, pero me quiero salvar. Mi amigo está triste. Se cruzó por casualidad con una mujer que tiempo atrás le había llenado la cabeza y el cuerpo de amor, y que por asquerosos destiempos no pudo retener. Mi amiga está triste. Su pareja o algo así no está. Se borró de la cotidianeidad como un dibujo hecho con tinta bajo el agua. Está sola, y lo sabe, pero no lo sabe. Mi amigo está triste. Está enamorado de alguien que no le corresponde, y se obnubila con falsos amores que no son amables. Todo lo hace para no pensar siquiera en sufrir. Mi amiga está triste. Meses más tarde se dio cuenta que la persona con la que está jugó un papel y no se mostró verdadera. Que la envolvió de palabras, pero ahora los hechos la están matando. Mi amigo está triste. Cree que la persona que ama o cree amar, podrá cosntruir algo con él, algún día. Pero ella ya construyó las cosas con otro, y para mi amigo es irremediablemente tarde. Yo estoy triste. Todo lo que pretendo de mi amor es que sea correspondido. Y no estoy ni cerca. Ya no hay nada más para decir. Vientos de cambio se aproximan. Muerte inminente de las cosas. Por suerte nos tenemos a nosotros, y así el desamor no es tan terrible. Llegamos a Guonderlan a través de una ruta arbolada y sinuosa, a bordo de nuestra nave blanca. En el valle nos esperaban con vinos rojos y brillantes, y canastas de frutas anaranjadas. Desde lo alto de la colina, antes de llegar, se veían las casas de techos de tejas y colores, los árboles rodeando el barrio, los coloridos banderines de la feria y all´´a, más lejos, el mar. Dejamos el auto en las afueras y salimos a caminar. Nos avisaron que tendríamos que actuar en el escenario principal, en la playa, de noche. La felicidad nos desbordaba. Alguien se aferró a mi mano y caminamos por el empedrado cantando. El sol se fue poniendo cada vez más rojo, y cuando se fue, nos abrazamos y subimos a las tablas. El público sonrió, espectante. Y la noche se llenó de nuestra luz. Te comés la uñas, y yo el sueño No dormir tanto a veces duele Espero tus palabras escritas como agujas de jeringas milagrosas y dolientes Nunca llegan a término Sigo esperando Mirás como Crema del cielo: tan azul y tan helado. Tan dulce también Tan falso Venas que laten sin mí te recorren y me llenan de sangre los rincones del patio que no tengo Esperar es la no acción, así te espero Hasta que la siesta clame agua y fuego y pueda por fin romper el maleficio Ya escucharás mis lágrimas romper el asfalto del verano Seguí esperando Yo estoy en eso Uñas rojas en mis dedos Es tan extraño ¿Quién dictaminó que la sangre en la punta de las manos es bello? ¿A quién respondo por el asesinato que no cometí? Sí, creo que me pinté así las uñas por que ya me siento culpable de algo Pero no sé de qué.
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