Guonderlan |
![]() Turismo por un barrio mental casi como cualquier otro
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Es una puerta grande, ancha. Del otro lado estás vos Es alta, de madera maciza, reforzada. Se nota pesada. Lo termino de descubrir cuando quiero abrirla y me cuesta mucho Golpeo. Debilmente, a lo lejos, se escucha tu voz, respondiendo Te pido que te acerques, que me ayudes. Yo empujo, vos tirás. De a poco, muy lentamente, se abre. Se abre la luz que llega del fondo. La rendija de apertura es mayor. Vos hacés fuerza. Yo mucho más. Y cuando asomo la cabeza, sonriendo, esperando verte La cerrás de golpe y me aplastás la cabeza contra el marco Drogas en los circuitos. Circulan y modifican Como hilos de marionetas no dejan que el cuerpo caiga Falsa sustentación de la tristeza Despojos de carne, telas y huesos. Eso es el cuerpo Eso y la tristeza. Que no sube a la superficie. Se queda anclada en el fondo para no matar Si estuviera en la piel destruiría todo. Lo propio y lo ajeno La tentación es el cuchillo que investiga bajo las telas y la carne el lugar exacto en el que están los huesos No vivir en planta baja hace que asomarse al vacío de la ventana sea simple Pero ahí están las drogas. Para no tentarse con lo simple. Igaul tampoco sirven. La solución fácil nunca sirve La única respuesta es el dolor Cada gota de dolor lacera el cuerpo para gritar la vida. El dolor de adentro No el dolor simple del cuchillo en la piel, la trompada en la pared o el portazo en el dedo. El que nace del fondo mismo de cada célula cuando uno se da cuenta que está solo. El dolor es el mejor cicatrizante. Como la lluvia lava y cura. Sentirlo todo No anestesiarse con falsas esperanzas, inutiles optimismos y cotidiana ingenuidad. Que duela Que lastime Que ya no alcancen las lágrimas vivas o muertas en los ojos Que el sudor se añeje en los pliegues Que el temblor ya no tiemble. Gritar sin ruido para oirse adentro Y después dormir casi sin soñar. Y al otro día, casi no duele Casi En abril del 2006 escribí esto Claro que me han quedado alguna que otra boca sin probar y, por lo menos, 3 vinos sin beber. Lo demás, sigue sucediendo Lavo los vasos sucios de la noche anterior Todo huele a cerveza vieja y pizza fría. En 15 miunutos llegan a casa. Tengo que apurarme. Extiendo el repasador en la mesada. Apoyo el primer vaso, boca abajo. Empiezo a lavar el segundo vaso y de repente todo se ralentiza. Como las balas a Neo en Matrix. Desde distintos ángulos veo lo que va a pasar y pasa. Es como un deja vu conciente. Las gotas caen en el piso, en el mármol y en el repasador. Y lo que pasa lo anticipo, pero no puedo evitarlo. Todo es tan lento. Todo es tan veloz. El culo del vaso de mi mano choca contra el vaso que ya está apoyado. El choque. La onda expansiva. El vidrio estalla como si fuera de azúcar. Pero no es azúcar eso que se aferra a mi carne y la abre. No es dulce eso que desgarra la piel y el músculo tán facilmente como si yo estuviera hecha de plastilina Un pedazo acá, en el borde, debajo del meñique, que llega casi hasta la muñeca. Forma una figura. Parece una estilizada letra G Parece una apertura de telón. Una puerta de carpa descorrida. Una boca sedienta. La vulva de una monja. Se abre sin permiso. Y queda abierta, sin alivio. Otro pedazo ahí. En el comienzo del antebrazo. Debajo de la muñeca. justo encima de esa vena verdosa que se trasluce. Ahí. También abre. Ni siquiera se desgarra. Sólo abre. Y de todos lados se derrama. Como una compuerta. Como un sifón con poco gas. Como un vómito líquido. Estamos acostumbradas al simulacro de desangrarnos una vez por mes. Pero acá no hay coágulos, ni lentitud. Ni dolor. Acá sólo hay sangre que cae. Y mancha el piso de la cocina. Y el repasador. Y los restos del vaso. Y me miro esa mano que no parece mía pero mana mi sangre. La miro como si sólo mirando el torrente se detuviese. Y se desdibujan los contornos, manchados de rojo. De pronto entiendo la facilidad de ciertos suicidios adolescentes. En un instante, todos los Werther del mundo están clavados en mis venas en forma de vidrios rotos. Atractivos. Fascinantes. Imaginensé algo que no duele y que es hipnoticamente bello Líquido Fluído Rojo brillante Pero no duele Y si no duele, no parece real. Esa herida es casi onírica. La sangre limpia no tiene olor.Apenas un sabor metálico y salado. Sin olor tampoco hay realidad. El amor es real por el olor y el dolor. Este corte no parece serlo Pero reacciono. Un rollo de papel higiénico no alcanza para frenarla. Igual, me niego y me resisto a la idea de los puntos. No confío en cualquier costurero. Hago fuerza, desde adentro, para que todo se cierre. Llegan mis amigos. Llegan las curitas cambiadas cada media hora. Llega el vino y la pizza que no hago yo, sino los otros, bajo mis instrucciones. Llega el mareo del alcohol y el recuerdo de que es anticoagulante. Puta madre. Un error de cálculo. Llega la soledad. Y me duermo pensando en un futuro sin cicatrices. La felicidad no deja cicatrices. La herida de mi mano es real |