Guonderlan |
![]() Turismo por un barrio mental casi como cualquier otro
|
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2008.
No tenía hilos, así que la hice de palabras. Te digo todo lo que necesitás, si querés. Pero aparte, te digo que nunca estamos parados, mirando. Estamos más haciendo que otra cosa. Que ese viaje en colectivo desde Quilmes a Caballito que duró casi dos horas no fue en vano ni fue un capricho por no tomar el tren y el subte, tan monótonos ellos. Que la tarde entera tirado en el sillón o en el piso, haciendo zapping y rascándote el ombligo sirvió para algo. La mirada cambia, se nutre de paisajes tan extraños como cada recodo de nosotros. Por eso la comparación eterna con La Mansión enorme e infinita que nunca terminamos de conocer. La mente es el hogar. El cuerpo es el hogar. El alma, o eso con burbujitas que tenemos por adentro es el hogar que habitamos para siempre. El dolor de espalda pasará. El humo remontará vuelo, como tantas cosas (siempre queda el refugio del aire más puro, allá en la llanura del pueblo, no?) Y no creo que necesites realmente que te recuerde para que estás acá y qué defendés. A veces estamos muy seguros de saberlo y a veces no sólo olvidamos, sino que cambiamos la batalla, aunque parezca la misma.Y no está mal. Porque esto también pasará. El invierno, esa niebla que se pega en los ojos y el abrigo, la felicidad que no viene del todo a abrazarnos por la calle...todo pasará. No vendrá un mundo mejor a recibirnos para siempre al doblar ese pasillo. Quizás ese mundo mejor dure lo que dura ese pasillo, cada paso, cada metro que recorremos. Y que al abrir la puerta otra vez esté la desidia esperándonos con el mate frío y lavado. No te voy a andar diciendo, entonces, que la mansión es infinita. Por que lo sabés o lo intuís. Y si llega ese momento, en el descanso de la escalera que lleva al piso de arriba, en que ya estás cansado, en que no te dan más los pies, o las manos o la cabeza, cuando mires abajo vas a ver miles de escalones. Eso es lo único que debería impulsarte a creer. O a querer creer, que es casi lo mismo, pero más primitivo y visceral. La sordidez quizás no esté en el pasillo del subte, sino adentro del ojo. Pero viste lo hijo de puta que es el paisaje. Nos transforma y nosotros lo transformamos. Puro espejo son las paredes de la mansión. Y el sótano amenazador de oscuridad y humedades parece tenebroso. Y creemos que llegar a habitar ese lugar será la muerte. Hasta que descubrimos que allí está la bodega. Allí están los secretos. Nuestro lugar oscuro y sólo de nosotros. A veces, y dejame que insista con lo mismo, nada es lo que parece. Y te lo digo, más que nada, para convencerme. Porque a mi también me gustaría que alguien me tire una soga de palabras Advertencia: si no le gustan las listas, no siga. Si puede con ella, trate de verla en imágenes sensoriales. si lo logra, comente Olías a mar y a limpio. Pero a algo más lejano que el mar también. Olías a atardeceres de viento en la playa. A seres ya bañados y en busca de algo. Quizás de un puesto de canje de revistas, de esa nippur o intervalo que cortara la rutina. Olías a acercarse al puerto a la hora de la cena. A alegría de verano frío, de semana santa caliente. A ropa de pucho. A cine de tarde. A ola rompiendo. A pies en la arena. A garrapiñadas en la calle. A ducha en baño alquilado. A sexo silencioso, por los chicos. A sombrilla pesada pero jamás perseguida. A amanecer en las reuniones. A peatonal, de la mano. A capricho de hijo. A malla nueva a fin de temporada. Al viento en la cara. Al aire que se pega en la cara, al aire de sal. A la gaviota inmóvil. A miles de baldosas caminadas. A la corbata abandonada. A cadena como peso, condena. Pero también liberación, por el conocimiento. Al amor como lo virtual y lo real. Al abandono de todos los otros de mi vida. A la vuelta a Palermo, o Villa Crespo. O Caballito. Al recuerdo de la feria. A los alfajores a la nonna A la fantasía diluida por el presente tan tangible. Al perdón de todos los pecados. Al dormir más placentero de tu vida. A la cucharita reparadora Al llanto que empaña los anteojos manoseados A la última mentira de tu vida Al abrazo verdadero que desarma Al café con leche tan caro A cada uno de tus granos A cada pelo de tu pecho A cada signo de tu almohada A cada botón de tu camisa que en segundos voy a desprender Al costurón rojo en el cuello A la cana que asoma ahí, en tu sien. A cada una de las cientos de ellas que la rodearán un día. Al pasado trágico y febril. Al futuro, que da asco de belleza. A la mesa llena de despojos. Al alcohol en las venas de una amiga A los rulos y dudas y de la otra A los miedos que no quiero revisar Al dinero que no tengo y he perdido Al jefe tan odiado que no es. Al jefe, que es tan uno mismo que impresiona A eso que no somos y queríamos Al lugar que no fuimos pero está A lo que existe más allá de la sonrisa Al gesto involuntario de la foto Al hombre que me espera y que no voy A la Mansión inmóvil y mutable A mis ropas usadas de sudor Al sueño que me llega desde lejos A la cucharita que no pudo ser aún Al lápiz carcomido. A Carlitos A la mentira hermosa de crecer A cada uno de los que abrazabas esa noche A la resignación de la amistad A todos aquellos que ni imaginábamos A ese que te pegó para salir Al cuero de la cartera que no tengo Al vestido de colores que perdí A la versión hermosa de uno mismo A cada peca de su cara A cada mano que se dejó caer A los zapatos que sobraban A cada retazo de lo que ya no es A cada capitán, a cada lobo A cada bandoneón que se calló A cada gorda hermosa que he besado A cada temblor del pie en el escalón A todo esto y quizás más cosas olías en el breve abrazo que te di. 1. ¿Cuántos enamoramientos tuviste? 2. ¿Cuál duró más? 3. ¿Cuál menos? 4. ¿Cuántas horas de tu vida le dedicaste al vuelo mental/ hacerte la película/ soñar despierta/ delirio? 5. ¿Salió algo de todo eso? 6. ¿Cuántas canas tenés en este momento? 7. ¿Vas a hacer algo al respecto? 8. ¿La crema antiarrugas es una opción o un mandato? 9. ¿Que es lo primero que comprarías si recibieras YA un millón de dólares y lo tenés que gastar sólo para vos? 10. ¿Y lo último? 11. ¿Y lo del medio? 12. ¿Con cuántos tipos fantaseaste tener hijos? 13. ¿Con cuántos de ellos lo harías realmente? 14. ¿Exactamente por qué serías mala madre? 15. Nombrá 10 cosas que parezcan imprescindibles pero que no lo sean. 16. Y viceversa 17. ¿Cuantas cuentas pendientes sexuales te quedan? 18. ¿Planificás cobrarte alguna en los próximos 6 meses? 19. Detallá tu estrategia 20. ¿Disfrutas sacándote /sacando granitos o te da asco? 21. ¿Que te gusta rascarte antes de dormir? 22. ¿Que revisación/arreglo/chequeo médico postergás más? 23. ¿Cuál disfrutás morbosamente? 24. ¿Con qué objeto te limpiás las orejas? 25. ¿Con qué objetivo? Bue, por ahora hasta ahí. Mañana, mis respuestas Nunca los conté, pero haciendo un promedio, y teniendo en cuenta que en una época me lo tomaba muy en serio, debo andar por el número 385 El que nunca fue una realidad. El que descubrí al bajar del subte Sólo mi vocación La última vez que conté, alrededor de 10 Calculo que un promedio de dos horas por día, a lo largo de 31 años. Eso hace unas 22.630 hs Supongo que voy a ocultarlo, pero cuando tenga ganas. Ahora no Ambas. Pero da fiaca Gomas de borrar Una máquina expendedora de golosinas Casi 10, creo Sólo con un par 1)una familia 2)buenos amigos 3)un hogar 4) los sentidos sanos 5)ser bella 6)una bicicleta 7)pasarla bien 8)un cuaderno 9) uñas y dientes 10)una cama Permisividad Veamos: 4 Una casa con más de 3 habitaciones Sí, claro Lo de siempre: escribir el guión mental y que el universo decida el rodaje. (pero la productora soy yo) ¡Me encanta! Así estoy... El culo y la cabeza La entrepierna Los dientes Sacudirme la fiaca 1)ropa linda 2)un auto 3)un marido 4)un hijo 5)un departamento 6)computadora 7)teléfono 8) muchos amigos 9)ser linda 10)un buen pasar Capuchones de bic (Lo que sospechan es verdad: están desordenadas, y son absolutamente ciertas. Como las cosas de la vida) El 25 de julio de 2002, cerca de la medianoche ( o quizás el 26, no lo sabemos) Titina se cansó. Soltó lo que tenía agarrado tan fragilmente. Estaba cansada de aguantar, me decía. Casi 40 años aguantando el cuerpo ese que no hacía nunca lo que ella quería. Ella quería viajar. Y bailar. Quería ir al cine y al teatro conmigo. Quería mirar vidrieras y caminar toda la tarde. Quería ir al río a pasear de la mano con Nove, como siempre le dijo a mi abuelo. Ella hubiera sido una diseñadora de ropa genial. Una cantante de tangos. Una actriz de cine en blanco y negro. O en color, asi se veían sus ojos color del tiempo. Ella podría haber sido mil cosas si el cuerpo la hubiera dejado.Quizás no meteroróloga, ni modelo de sombreros, ni cocinera ( aunque su sopita de vitina era una delicia) Pero ella, a pesar de su fragilidad, fue tan fuerte para decidir. Y pelear contra el enemigo hasta el final. Y ganarle.Porque fue ella la que decidió soltarlo. Ese peso casi inútil. Ese resto de piel que parecía papel de seda. Esos ojos llenos de sabiduría, que desparramaban felicidad. Esas manos chuecas, que abrazaban como ningunas. Se fue y es la primera vez que puedo hablar de ese viaje. Quizás porque el capitán me lo recordó. Quizás porque ya pasó el tiempo y no duele tanto Quizás, y es lo más seguro, que porque hoy ella pasó a mi lado silbando Yuyo Verde. Y recién ahora me di cuenta de todo lo que me dejó cuando se fue Otro día por ahí, gastando las mañanas en turismo urbano o quien sabe en qué. Bebo té Don Juan, de Inti Zen. Es rico, pero el chai me gusta más. Leo un libro sobre gente tóxica, que nunca compraré, en una librería de Belgrano. No sé si termino de entender que el estado pasajero es una constante en mí ¿alguna vez podré frenar? Anoche leí un libro sobre Federico Manuel Peralta Ramos. Era un niño bien que pudo hacerse el loco, y le salió.Tuvo ese privilegio. No sé si fue tan genial, pero tuvo la posibilidad de expresarse. En una cosa tenía razón cuando dijo: Serás lo que debas ser... ¡Y dejate de joder! Tanto proyecto....tanta trampa... Fui al barrio chino y compré té de jazmín y chicles de ginseng. Creer o reventar: el chicle de ginseng me cambió el ánimo y me sacó el dolor de muelas. Y, como dice Daniel, yo prefiero creer. En el libro este sobre la gente tóxica leo:" El 90% de la gente que fracasa no ha sido derrotada, sino que en realidad ellos han renunciado" " Los espíritus mediocres condenan generalmente todo aquello que no está a su alcance" No están mal las ideas esas. Pero a los libros que proponen la receta del éxito y la felicidad, yo les descónfio. Miro para atrás, para adelante, para los costados de mi vida. Y la trama se sigue enredando. Lo más interesante son los espacios en blanco librados al azar. |