Guonderlan |
![]() Turismo por un barrio mental casi como cualquier otro
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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2008.
Ayer bajé del último colectivo y me encontré con una planta de jazmines. Corté un ramito y lo guardé en el corpiño. Hoy, después de bañarme, me puse el mismo corpiño, ya sin ramito. Mi pecho huele a jazmines. Ya está. Algo menos de que preocuparse. Claro que quedan otras cosas: el trabajo que vendrá, porque este se termina a fin de mes, la forma que toman las cosas cuando uno las deja a la buena de dios, lo blancas que son las paredes y todo lo que hay que trabajar para que adquieran sus colores característicos... Y estás vos, claro. Ahí, tan lejos casi siempre. Tan cerca por momentos. ¿Te cuento una cosa? Ayer vino Fer a verme a la oficina. Y lo vi triste y un poco viejo. Es raro encontrarse con un viejo amor cuando ya no lo es, cuando ya sólo es viejo. Tan viejo como una misma. Es raro ver que esa persona que lo fue todo ya no lo es, pero sigue siendo mucho de un pasado y alguito de este presente tan presente. Lo raro es no poder hablar, más por pudor que por otra cosa, de todo lo que ha hecho el amor en nuestras vidas en este tiempo ausente. ¿cómo le cuento que después de nosotros me enamoré muchas veces? ¿y que cada una de esas veces me dejó una marca tan fuerte como la suya pero sin la marca de la convivencia? ¿cómo hago para decirle que lo extrañé muchas veces sin que suene a una declaración de amor, sino sólo a eso..que lo extrañé? ¿cómo le cuento que los amores que lo sucedieron tenían algo de él, pero al mismo tiempo eran únicos, como él? No es fácil despegarse de un pasado tan fuerte. Pero se muy bien que hemos sido mejores amigos que pareja. Eso es lo que me permite ser su amiga aún. Sigue sin contarme de su vida sentimental actual...sin decirme ni mú de su anillo de oro, sin emitir una palabra sobre su hija.... Debe tener miedo. Aunque todavía no sé de qué. Y en el medio de este encuentro, se aparece tu fantasma. Casi como si estuvieras vivo, veo tu sombra atrás de sus pestañas. Y entiendo todo. El amor está a la vuelta de la primavera y los jazmines. A la vuelta de la esquina, o cruzando el puente. El amor quizás seas vos o sea tu vecino. Pero está ahí. Escondido en la sombra de lo que fue, alertanto al mundo de lo que será. En mi casa nueva y demasiado blanca, vacía de cosas pero no de mí, pienso en tu mirada. Me sobrevuelan tus ojos que hace mucho que no veo. Un día de estos nos vamos a cruzar. Justo después de vos hayas visto mi sombra en sus pestañas. Cuando ninguna letra de tango nos enmarque, cuando ya no haya ni telón ni excusas. Justo ahi. Cruzando el puente 10 minutos para frenar y escribir esto. 10 minutos en los que no voy a trabajar, ni pensar en el trabajo que necesito encontrar ni en las cortinas que tengo que terminar de coser 10 minutos para olvidarme que mi vieja vino de visita y seguro seguro va a escorchar con algo (laburo, novio, dieta, casa, etc) 10 minutos para ni pensar que Fer vino de nuevo, esta vez a mi casa, y que a pesar de todo el tiempo que pasó, me sigue diciendo Maru, Negra y Linda. 10 minutos para olvidarme de que amás a otra y punto. 10 minutos para no saber nada nuevo ni viejo de mí misma, solo sentir ese latir bajo la piel, esos huesos que crujen, ese olor que me envuelve. 10 minutos para casi llorar, pero no tanto, porque aún estoy en el trabajo y puede venir gente. Sólo recordar el color del llanto, y guardarlo en la memoria para cuando tenga esos 10 minutos de verdad para mi sola, en unos días. 10 minutos para saberme frágil, completamente sola, y sin embargo, abrazada por miles de seres, ahi afuera 10 minutos de respiración debajo del agua 10 minutos para releer esto y no saber si sonreir o qué. o qué. Cuando escribir se transforma en una necesidad, surgen cosas como estas. Cartas inconclusas que nunca entregaremos, o relatos inexactos de situaciones muy poco claras. Estamos eligiendo. Carajo si lo estamos. Y si te tocó vivir ese momento, fue porque lo construiste de esa forma. La gente que te quiere se ríe con vos. La gente que te va a rodear en la vida tiene tu humor, le divierten las mismas cosas. Si esa noche te dijo que eso de lo que te reías era una pavada, una estupidez, entonces, ya tenés algunos datos sobre la inconsistencia de esa compañía. No. No es definitivo. Pero es una señal clara de que no va a compartir las alegrías y tristezas con vos. En la tristeza, cualquier gil nos acompaña. Cuando se te muere un tío, hay una parva de parientes, conocidos y vecinos que aparecen a dar el pésame y a tomar café recalentado. Pero cuando la tristeza que no es mía, sino tuya o del que yo realmente quiera, me traspasa, cuando el color que envuelve a ese que quiero se vuelve grisplateado, esa tristeza que surge del otro y que me llega por culpa del amor, esa es la verdadera tristeza compartida Quizás yo no ame lo que vos amás, pero lo respeto. O me informo sobre tus amores y trato de conocerlos. Pero el amor no es el humor. Si me río es porque me crece desde adentro la risa. Y en eso sí se parece al amor. Pero al amor ese que surge de adentro, sin forzarlo por las cosas de la superficie, sino por todo eso tan intangible como la risa misma. ¿Y adónde voy con todo esto? No sé. Creo que lo escribo porque me acordé el día que te conocí. Y te conocí riendo. O la vez aquella que salí con ese tipo que parecía tan interesante, y que me hablaba de esos libros que había leído, y de esas películas de culto que jamás confesaré que no vi, o de los lugares del mundo que visitaré algún día, pero su visión pesimista del mundo y su pedantería absoluta lo llevaron a decir que casi nada lo hacía reír. Porque todo era un plagio, una repetición, una absoluta falta de originalidad y un millón más de boludeces por el estilo. También conocí a uno de esos que se creen genialmente intelectuales porque repiten de memoria frases célebres de personas ídem. Pero no se les cae una idea original y se siguen portando como loros hasta con el humor, o el amor. Son los adoradores de la palabra “tendencia”, cuando ni saben lo que es. Y cuando te conocí, yo reía. El tiempo fue pasando, y los dos ya tenemos canas que yo oculto y vos perdés. Yo me sigo riendo de lo mismo y de más cosas cada día. Y hoy que es un día que llueve, un día grisplateado como las canas, de lo único que me puedo acordar es que cuando te conocí vos me estabas haciendo reír. |